
Los ataques a militares y a la población civil hay que responderlos con dureza
Ante la hostilidad de una agresiva población haitiana indocumentada en el país.
Por; Eurípides Ant. Uribe Peguero
Vicealmirante (R) ARD.
Durante un operativo migratorio, recientemente un soldado dominicano fue agredido
por varios haitianos quienes le atacaron con palas, picos y hasta le quitaron el arma de fuego y
le hicieron un disparo. Otros militares en el lugar a penas intervinieron para salvarle la vida a su
compañero de armas.
La Dirección de Migracion publicó el día 12 de diciembre que, “al menos 10 agentes de
Migracion son agredidos en lo que va de mes por ciudadanos que frustran su labor”.
A fines del 2018 el cardiólogo Pedro Ureña fue secuestrado junto a otros dominicanos
por un grupo de haitianos en territorio dominicano cercano a la frontera. Esta acción se
cometió en presencia de soldados dominicanos quienes no reaccionaron adecuadamente para
defender nacionales dominicanos en nuestro territorio.
El día 3 de diciembre del 2023, hombres con uniformes de la policía haitiana lanzaron
bombas lacrimógenas y quemaron mercancías a comerciantes en un mercado informal en el
lado dominicano de la zona fronteriza cercana a Dajabón. En este caso, tampoco se produjo una
reacción apropiada de los miembros de las Fuerzas Armadas que estuvieron en la cercanía.
En cada uno de estos incidentes y en otros acaecidos en los últimos tiempos, ciudadanos
o militares dominicanos son agredidos por haitianos sin que se produzca una reacción
contundente de parte de los miembros de las Fuerzas Armadas llamados a defender nuestros
ciudadanos y la soberanía nacional.
Los militares en un servicio fronterizo o en calidad de autoridad migratoria, representan
el honor y la cara de la dignidad de nuestra nación. Agredir un militar es agredir a la nación
entera y en igual forma, que un extranjero agreda a un dominicano cualquiera en su propio
territorio, es una imperdonable afrenta que una autoridad nacional no debe consentir o
permanecer indiferente ante el hecho. A pesar de que los miembros de nuestro Ejército y de
toda nuestras FFAA, tienen el entrenamiento adecuado y la capacidad para responder
debidamente ante estas agresiones, preocupa su inacción ante estos hechos que laceran
nuestra soberanía y la seguridad ciudadana, cuya responsabilidad descansa en nuestros
cuerpos armados.
Para esta tibia reacción de nuestros militares se puede suponer que sus mandos
superiores han estado impartiendo instrucciones para evitar cualquier incidente fronterizo en
que nacionales del vecino país puedan resultar lesionados. Preocuparía que los haitianos tomen
estos incidentes para seguir victimizándose y manipulando cada situación para inclinar la
opinión de la comunidad internacional en su favor.
Se puede temer que ante una reacción drástica en que resulten heridos a fallecidos
algunos haitianos, la comunidad internacional encontraría ingredientes para seguir
culpándonos de maltratar, a “la pobre” población haitiana. Se alimentaría el morbo sobre el
supuesto racismo y rechazo del dominicano a los nacionales del país vecino. Cualquier haitiano
herido o afectado por un soldado dominicano, siempre es utilizado para promover la
discriminación que se nos adjudica contra ellos. Es lo mismo que se hace cuando ejercemos
nuestros derechos soberanos para deportar indocumentados.
Sean cuales sean las causas de la inadecuada reacción de los soldados dominicanos, es
una actitud muy negativa que se debe corregir porque demuestra debilidad ante una población
de extranjeros irregulares que cada vez luce más decidida enfrentando a nuestras autoridades.
Quizás hay exageración cuando algunos extremistas dicen que en nuestro territorio
viven dos o tres millones de haitianos, pero le cifra que se contabiliza de alrededor de medio
millón, también luce irreal y ya es preocupante. Lo aceptable parece que esa población
extranjera no esté lejos del millón de personas. Cualquiera sea su número, es muy alto para
consentirlo en nuestro territorio sin un control efectivo de nuestras autoridades, conociendo
que es una población cargada de hostilidad y resentimientos contra el dominicano a pesar de
todo lo que hemos hecho por ellos. Tenerlos entre nosotros sin temor a la autoridad y con esa
carga de odio es muy preocupante.
En sus operativos, los militares dominicanos deben tratar a los haitianos con respeto a
sus derechos como seres humanos, pero deben hacer cumplir nuestras leyes con firmeza y su
respuesta ante agresiones como las que se han producido debe ser más firme y contundente.
No tengo dudas de la autoridad de quien comanda la unidad militar encargada de las
operaciones en nuestra frontera (CESFRON) ni de quien dirige la Dirección de Migracion, son
oficiales con la capacidad profesional y las agallas para instruir a los hombres bajo su mando
para que realicen su labor fronteriza y migratoria con la determinación apropiada. El
Vicealmirante Lee Ballester, declaró recientemente que se le responderá (a los haitianos) “en
proporción a la agresión”. Más que preocuparnos, en cada oportunidad debemos reaccionar en
proporción a la agresión y tratándose del honor y la dignidad nacional, hasta la reacción
desproporcionada es aceptable. Cuando de nuestra dignidad nacional y soberanía se trata, es
preferible la exageración que una repuesta timorata o la ausencia total de la misma.
Reaccionar con timidez cuando nos agreden, envalentona al adversario y les hace cada
vez más temerarios. Los haitianos han perdido el temor a nuestras autoridades y se pueden
avizorar muy malos augurios ante una población haitiana en el país que puede rebasar el millón
de inmigrantes. No importa la insana preocupación internacional o que se exacerbe el
permanente conflicto con Haití, la reiteración de las acusaciones de racismo y xenofobia, que se
siga haciendo hincapié en el supuesto maltrato a los nacionales haitianos y que se nos acuse de
lo que sea en los foros internacionales. Tenemos que ignorar las sensibilidades creadas por la
manipulación internacional y de los mismos haitianos. Hay que dar respuestas contundentes,
aunque sean exageradas. Ellos nos están provocando y también están exagerando con sus
agresiones.
Los militares son el bastión donde descansa el respeto a nuestra soberanía, la seguridad
y la dignidad nacional. Si no reaccionan adecuadamente cuando son agredidos o los adversarios
agreden a la población a la que deben proteger, estamos perdidos.



