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Juan Pablo Duarte Diez y su sacrificio por la soberanía nacional

Alfredo Cruz Polanco

Al conmemorarse este 26 de enero el 211 aniversario del natalicio del fundador y apóstol de nuestra
nacionalidad e independencia, el patricio Juan Pablo Duarte Diez, propicia es la ocasión para que
mantengamos vivo el ejemplo de sacrificio, entrega y desprendimiento del hombre que fue capaz de
entregar todos sus bienes y los de su familia, que fue desterrado, ofrendando hasta su vida, pues
padeció y murió en Venezuela en la más cruel de la pobreza, para que hoy todos los dominicanos
disfrutemos de un país libre e independiente de toda potencia extranjera.
Con la celebración de su natalicio se inicia el “Mes de la Patria” y encuentra a nuestro país
amenazado por la comunidad internacional para que aceptemos la instalación de centros de acogida y
les brindemos todas las facilidades a los nacionales haitianos indocumentados; además, por bandas
criminales que trafican con mujeres embarazadas e indocumentados en complicidad con altos jefes
militares que están para cuidar nuestra frontera, así como por la ola de violencia e inseguridad que hoy
opera en el territorio haitiano.
Durante este mes dedicado a la Patria, en cada hogar dominicano se debe izar con mucha honra,
orgullo, decoro y dignidad nuestra bandera tricolor; debemos reflexionar y preguntarnos si el
esfuerzo y el sacrificio asumido por el patricio ha valido la pena; si estamos cumpliendo con su ideario
y legado histórico; si hemos avanzado en materia institucional, municipal, migratoria y
medioambiental; en transparencia y pulcritud; en el respeto a las leyes, en la defensa de nuestra frontera
y soberanía; del patrimonio público y si se está aplicando una verdadera justicia.
Debemos actuar con la debida transparencia, honestidad, prudencia y vocación de servicio, aplicando
siempre los valores éticos, morales y patrióticos en cada uno de nuestros actos públicos y privados, tal
como él los enarboló, nos los inculcó y aplicó. Al carecer de una cultura de rendición de cuentas en
todo el país, ante tantas denuncias de actos de corrupción pública y privada, considero como el
momento oportuno para emular el legado del Padre de la Patria, de ser el único dominicano que
presentó una rendición de cuentas al país, sin que existiera en ese momento una ley ni alguien que se lo
exigiera
Que en todas las escuelas públicas y colegios se cante su himno y se le rindan los honores
correspondientes; que se retome la enseñanza de la “Moral y Cívica”, que hace muchos años fue
eliminada del currículo escolar, lo que sin duda alguna, ha servido de caldo de cultivo a la gran
inversión de valores que hoy padecemos; que nuestros profesores, además de eficientizar y fortalecer
la enseñanza, se preocupen por difundir los valores y símbolos patrios, para que en las presentes y
futuras generaciones se despierte el fervor patriótico.
Juan Pablo Duarte debe ser recordado siempre, no solo los 26 de enero de cada año con ofrendas
florales, eucaristías, desfiles estudiantiles y con discursos destemplados de doble moral (alabando su
figura y actuando contrario a su ideario). El mayor homenaje, reconocimiento o monumento que se le
pueda hacer en su honor, es que cada dominicano, cada funcionario público, legislador, ministro, juez,
alcalde, director y todo el que maneje recursos públicos, imite su ejemplo de pulcritud y transparencia,
presentando una rendición de cuentas de los recursos que les fueron confiados.

En un momento estelar como el que estamos viviendo, en el que se pretende destruir y enlodar a uno de
los pocos referentes y paradigmas de honestidad y patriotismo que nos quedan, estamos obligados a
promover y a difundir la vida y obra de quien fuera capaz de inmolarse y de ofrendar hasta su vida, con
tal de dejarnos una patria libre y soberana de toda potencia extranjera; libre de la ignorancia, de la
insalubridad, inseguridad, de las injusticias, de la falta de fe y del enriquecimiento ilícit
Si así lo hacemos el sacrificio y el martirio sufrido por el Padre de la Patria, no habrá sido en vano.
¡Que así sea!

¡Loor y gloria eterna a Juan Pablo Duarte!
¡Que viva la República Dominicana!

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