
DESARROLLAR Y ENRIQUECER UNA LÍNEA POLÍTICA TRANSFORMADORA (Ponencia en el encuentro de las izquierdas // 13-7-25)
Narciso Isa Conde
Movimiento Caamañista-MC
La Constitución vigente, aprobada en el 2010, reformada en el 2015 para
favorecer la reelección y luego modificada en el 2024 en ese y otros temas, fue
elaborada en interés de consolidar estructuras que sirven a las decisiones e
intereses de los partidos políticos tradicionales y las élites sociales
dominantes.
De ahí que, con un lenguaje que aparenta sustentar un proyecto de
“democracia representativa”, en realidad se concibió para establecer una
partidocracia corrupta asociada a cúpulas capitalistas y patriarcales.
La definición de “un Estado social, democrático y de derecho” no es más que
una falacia, porque todo el conjunto del texto se redactó para impedir que el
pueblo decida sobre su propio destino, e imponiendo, por el contrario, una
forma de dirigir la sociedad a través de los Poderes Públicos, que en realidad
excluye al sujeto pueblo, al que la propia Constitución refiere como el
Soberano.
Aquí no hay democracia, porque no existe un gobierno del pueblo, por el
pueblo y para el pueblo.
Aquí dominan las cúpulas o cogollos de los partidos tradicionales y el poder del
dinero detentado por empresarios multimillonarios, una combinación de lo que
llaman PARTIDOCRACIA y PLUTOCRACIA, esto el poder de la llamada clase
política y el poder de los dueños de grandes fortunas que manejan las
instituciones del Estado contra el pueblo.
CONSTITUCIÓN 2010 PARA UNA SEUDO-DEMOCRACIA
La Constitución es la ley padre-madre que rige la Nación. La Ley de Leyes o
Ley Sustantiva que define la institucionalidad a establecer, las normas y reglas
de juego en las relaciones Estado-sociedad, sistema económico, régimen
político, relaciones de propiedad y reglas en la convivencia interna y las
relaciones internacionales.
La actual institucionalidad dominicana está sustentada en la Constitución del
2010 ligeramente modificada en el 2024) y en las leyes que se derivan de ella.
Es una Constitución hecha por el ex-presidente Leonel Fernández y sus
asesores criollos y extranjeros a la medida de los intereses de la clase
capitalista internacional y nacional, y de la partidocracia montada sobre ella.
Es una Constitución que garantiza en alto grado el autoritarismo y el exceso de
poder presidencial, así como el curso neoliberal y colonizador, esencialmente
privatizador de la economía y la política, que han impuesto globalmente EEUU
y sus corporaciones transnacionales, los tutumpotes capitalistas asociados a
ese supra-poder imperialista y el sistema de partidos que le ha servido de
instrumento y ha convertido la política en negocio.
La Constitución actual sustituyó la Constitución balaguerista del 1966 que sirvió
de base a los gobiernos de Balaguer, del PRD y del PLD, con la excepción de
los efímeros Gobiernos de Bosch y de Caamaño, ambos sustentados en la
Constitución de 1963, la más avanzada de nuestra historia republicana.
Es más moderna que las anteriores y disfraza mejor su contenido
sustancialmente reaccionario; incorporando engañosamente nuevos conceptos
y derechos de la última generación dentro de un marco conservador, patriarcal,
despótico-partidista, privatizador y negador del derecho a la soberanía popular
y nacional. Es la continuidad renovada y ampliada de la Constitución
balaguerista de 1966.
El producto de ambas constituciones no ha podido ser peor: los gobiernos,
congresos y alcaldías del PRSC, PRD, PLD, PRM.
Los regímenes políticos establecidos y las gestiones de gobierno que se han
asentado durante sus permanencias han agravado la dependencia, aumentado
dramáticamente las desigualdades, empobrecido brutalmente a nuestro pueblo
y a su juventud, subordinado intensamente a nuestras mujeres,
institucionalizado la corruptela y aupando mafias políticas, militares y
empresariales.
Además, la Constitución del 2010 y las leyes e instituciones derivadas de ella
han contribuido a pervertir más aún los procesos electorales.
A potenciar la delincuencia y la inseguridad ciudadana.
A convertir el Estado en narco-Estado, a desatar la criminalidad machista y el
racismo. A saquear el recurso natural.
A convertir los derechos a la salud, a la educación, a la diversión y el ejercicio
político en vulgares negocios.
A depredar y contaminar el ambiente.
A incrementar las desigualdades sociales.
Ahora incluso estamos frente a un gobierno servil a EEUU, asaltado por los
multimillonarios de dentro y fuera del país, y acompañado de una llamada
“clase política”, clanes militares y policiales corrompidos, que exhiben y ejercen
una perversidad y una rapacidad sin límites, degradando sus propios partidos y
las instituciones que controlan.
Por estas razones resulta cada vez más imperioso anular y reemplazar la
Constitución vigente, mediante un proceso que dé al pueblo la posibilidad de
decidir el tipo de Constitución que quiere y necesita.
La propuesta de CONSTITUYENTE es precisamente para eso: para luchar por
cambiar de raíz esa realidad y debe ser vista como un PROCESO que solo
puede lograr cambios trascendentes si se logra crear poder desde el pueblo en
lucha para ejercer su soberanía.
A reproducir patriarcado y machismo, homofobia, xenofobia, ecocidio y
racismo.
A imponer la dictadura de los adultos contra niños y niñas
Al poder que desde el pueblo movilizado enfrente el PODER CONSTITUIDO lo
llamamos PODER CONSTITUYENTE porque debe crear fuerza organizada en
todo el territorio nacional y actuar como motor de las transformaciones
políticas, económicas, sociales y culturales en el curso de un proceso
destinado a reemplazar lo que está constituido y a crear o constituir lo nuevo.
Es justo que lo que no sirve para garantizar bienestar y poder de decisión al
pueblo y soberanía nacional, debe ser cambiado por el propio pueblo.
Es, además, una determinación de rescate de SOBERANÍA nacional y
popular porque el modelo de falsa democracia ha sido impuesto desde la
concepción neocolonial y neoliberal, ahora impregnada de concepciones
neofascistas.
PODER CONSTITUYENTE VS. PODER CONSTITUIDO.
El PODER CONSTITUYENTE, como negación del actual PODER
CONSTITUIDO basado en la Constitución del 2010, solo puede surgir desde
abajo, enfrentando la institucionalidad decadente y proponiendo su sustitución.
Es un factor fundamental en todo el proceso constituyente.
EL PROCESO CONSTITUYENTE incluye la creación de conciencia y
organización, y la realización de cuantas luchas sociales, culturales y políticas
posibiliten debilitar e ilegitimar el PODER CONSTITUIDO para lograr su
desplazamiento.
Para reemplazar el poder establecido hay que analizarlo y conocerlo, crear
conciencia crítica colectiva de esa necesidad y desarrollar la capacidad de
organización y lucha para sustituirlo.
El PODER CONSTITUIDO, definido por la actual Constitución, es el Estado
actual y sus instituciones: Poder Ejecutivo, Poder Legislativo, Poder Judicial
(Ministerio Público o Fiscales y Tribunales), Poder Municipal (Alcaldías), Poder
electoral, Poder Electoral (Sistema Electoral y Sistema de Partidos), Fuerzas
Armadas y Policía Nacional.
Junto, y al interior de ese Estado, ejerce su dominación suprema la gran
burguesía transnacional y local con su sistema de medios de comunicación y
alienación ideológica-cultural, aliada a cúpulas eclesiales.
Entre esas instituciones y esos factores de poder existen aquellos que son
renovables o reelegibles en votaciones periódicas, por ejemplo, el Poder
Ejecutivo (Presidente y Vicepresidente/a), la Alcaldías y también el Senado y la
Cámara de Diputados, que como Asamblea Nacional Legislativa todas
las Constituciones, incluida la vigente, le han asignado la función de Asamblea
Revisora de la Constitución.
Otras instituciones, como el Poder Judicial, las llamadas Altas Cortes (Suprema
Corte de Justicia, Tribunal Constitucional y Tribunal Supremo Electoral), y la
Cámara de Cuentas, son seleccionadas por otros organismos colegiados del
Estado como el Senado y el Consejo de la Magistratura, cuya conformación la
define la Constitución vigente.
El Ministerio Público en significativa proporción es designado por el Presidente
de la República. Otra parte son los denominados fiscales de carrera, no pocos
de ellos vinculados a los partidos del sistema.
El Estado cuenta con instituciones que no pasan por votaciones, cuyos mandos
fundamentales no son renovables en elecciones, sino nombrados por el
Presidente de la República. Tales son los casos de las Fuerzas Armadas,
Policía Nacional, DNI Y DNCD.
Las instituciones que no están sujetas a elecciones periódicas y son factores
de poder conforman una especie de PODER PERMANENTE, que varía muy
poco con los cambios de gobiernos y de partidos gobernantes.
Esto pasa con los cuerpos militares y policiales, iglesias, medios de
comunicación, entidades de control ideológico-cultural y sobre todo con la clase
capitalista o gran burguesía dominante.
La clase burguesa es la más PERMANENTE de todas y junto a las militares y a
las iglesias, cuando le conviene, recurre a la sustitución más o menos violenta
de una institucionalidad “democrática- representativa” por otra más represiva,
autoritaria y despótica. Así ha pasado muchas veces a lo largo de nuestra
historia y de la historia mundial Eso se denomina GOLPES DE ESTADO.
Además, por encima de esos poderes locales o nacionales, opera y se impone
la dominación imperialista de EE. UU y sus fuerzas aliadas: el imperialismo
occidental en decadencia y descomposición, con su centro en EEUU.
Esa superpotencia se ha constituido en un imperio, en un SUPRA-PODER que
controla Poderes Constituidos en territorios fuera de sus fronteras, a través de
sus Embajadas, Asesores Militares, Estación de la CIA, USAID, delegación del
FBI, DEA, FMI, Banco Mundial, BID, Bancos de Negocio. CÁMARAS
AMERICANAS DE COMERCIO, CÁMARAS MINERAS y Corporaciones
diversas.
El Poder Constituido no tiene nada de neutral, y aunque engañosamente lo
tratan de presentar como árbitro, ha sido estructurado para defender los
intereses de la clase dominante-gobernante contra los intereses del pueblo y su
patrimonio social.
ASAMBLEA CONSTITUYENTE, NUEVA CONSTITUCIÓN Y NUEVA
INSTITUCIONALIDAD.
Reemplazar desde el PODER CONSTITUYENTE EL PODER
CONSTITUIDO requiere poner en marcha un gran MOVIMIENTO POLÍTICO
SOCIAL que haga valer la convocatoria de una ASAMBLEA CONSTITUYENTE
POPULAR Y SOBERANA, que electa por el pueblo dentro de normas
realmente democráticas y de una amplia participación, elabore una NUEVA
CONSTITUCIÓN que rescate derechos, soberanía y dignidad como pueblo y
como nación.
Hablamos de una nueva Constitución, que inspirada y superando en bondades
la del 1963, siente la zapata, entre otros contenidos, para aplicar un programa
de transformaciones económicas, sociales y culturales, construir una NUEVA
INSTITUCIONALIDAD y establecer un NUEVO SISTEMA ELECTORAL.
Esto a su vez exige consensuar en el campo de las fuerzas transformadoras
los contenidos de la nueva constitución que debemos proponer a la
ASAMBLEA CONSTITUYENTE.
La propuesta del proceso que conduce a esa Asamblea Constituyente no
puede surgir del poder actualmente constituido, es decir, de esta
institucionalidad decadente, porque la partidocracia y el gran empresariado han
establecido en la Constitución vigente que el Congreso Nacional o poder
legislativo controla por ellos, es la única instancia con derecho a cambiar la
Constitución: y está claro que no lo van hacer por voluntad propia, contrariando
sus intereses y afectando su dominación institucional seudo-democrática.
La única reforma a la Constitución vigente que podría abrirle cauces a una
institucionalidad medianamente democrática es aquella que dé paso a un
Poder Constituyente independiente del Poder Constituido, que instale una
Asamblea Constituyente electa por el pueblo: soberana, popular y ampliamente
participativa.
Para eso habría que quitarle esa función crucial a la actual Asamblea
Legislativa convertida en Asamblea Revisora; es decir, anular para los fines de
reformar la Constitución, el actual Congreso (suma de Senado y Cámara de
Diputados), en nada confiable para hacer los cambios constitucionales que el
país necesita.
Solo pueblo con su lucha puede obligar a abrir ese candado para
establecer la posibilidad de cambiar la Constitución a través de una
Asamblea Constituyente electa democráticamente por la ciudadanía.
Esto implica voluntad para crearle una crisis al sistema y tratar modificar
la coyuntura dentro de este periodo constitucional; y aun no se logre, ese
combate por una democracia real favorece a las fuerzas transformadoras
El nivel de democracia y de posibilidad de cambios sociales lo deciden los
grados de profundidad o de limitaciones en los cambios de la correlación de
fuerzas, ya de por si modificadas en las luchas previas, entre el proyecto
conservador o simplemente reformista y el proyecto transformador, en el marco
de la nueva Asamblea Constituyente.
El MC no ve razones que puedan ser aceptables para evadir estos temas
cruciales.
Sería incompresible que el conjunto de las izquierdas no enfrente con
determinación esta Constitución, esta institucionalidad, este sistema
electoral y de partidos, estas leyes electorales, esta conversión de la
política y las elecciones en negocio, esta gansterización de los procesos
electorales y toda la narco-política que le acompaña.
Es claro que un progresismo que evada temas tan cruciales pasa a ser uno de
los más atrasados del continente.
Incluso, en el contexto constitucional y legal actual, para superar el carácter de
trampa y el fraude sistémico, del actual sistema electoral, para lograr
elecciones hay que denunciar. Impugnar y debilitar al máximo sus leyes
electorales y abrirle cancha a nuevas reglas de juego.
Hay que crear Poder Constituyente desde las entrañas del pueblo movilizado,
apoderando progresivamente de ese propósito a gran parte de nuestra
sociedad, a sus componentes más sensibles y a sus movimientos y torrentes
más combativos.
Esa propuesta política de diferenciación y ruptura con la anti democracia
impuesta desde la invasión yanqui de 1965, posibilitar enlaza con una
estrategia transformadora, con la posibilidad de un tránsito revolucionario y
metas estratégicas superiores (de soberanía plena, liberación nacional y
posterior socialización de del poder, la propiedad y la economía), debe llegar a
todos/as los potenciales protagonistas del proceso constituyente; procurando
en cada caso y situación, vincularla a sus luchas y demandas, a los reclamos
de los/as trabajadores, comunidades, de los movimientos juveniles,
estudiantiles, profesionales, políticos, culturales, antirracistas, ambientalistas,
feministas, campesinos, LTGBI, anticorrupción y anti impunidad.
Solo así, tomando a la vez las calles, plazas, barrios, campos, redes sociales y
medios alternativos con estas ideas, puede colocarse en la Agenda Nacional
este tema trascendente y avanzar hacia la creación del Poder Popular
Constituyente que necesitamos para cambiar paso a paso la correlación de
fuerzas y crear nuevas coyunturas, más favorables para las izquierdas y las
fuerzas del verdadero cambio, para avanzar en dirección a transformar nuestro
país.
EN LA RUTA HACIA EL 2028 ELECTORAL
Se trata de una fecha del calendario político-electoral de la clase dominante-
gobernante, si las reglas de juego, la coyuntura y la correlación de fuerzas
permanecen como están.
Ha sido en los últimos 60 años (post-invasión yanqui) la fecha del
acontecimiento o evento más importante para esa clase.
Para remodelar o darle continuidad a su sistema y modelos de opresión.
Para auspiciar unas votaciones en las que el propio sistema constitucional,
electoral y de partidos, es el fraude.
De entrada, hay que decir que sería otra coyuntura electoral diseñada por las
elites capitalistas hegemónicas para reciclar el sistema de dominación, ahora
bajo el impacto de la agresiva decadencia de EEUU y la impronta del
neofascismo y de las guerras de agresión imperialista; con riesgo de una
conflagración mundial que involucre en choque directo las superpotencias
mundiales; en un país bajo control del Comando Sur del PENTÁGONO.
Además, el sistema está estructurado de tal manera que una victoria electoral
solo significa conquistar el gobierno y controlar o participar temporalmente en
instituciones elegibles, pero no equivale a “tomar el poder” ni define
integralmente la necesidad de una política de construcción, desarrollo del poder
del pueblo, abolición del poder imperante y conquista de un poder alternativo.
La historia electoral de los últimos 60 años revela que, a las izquierdas,
concurriendo a los comicios de diferentes maneras, o sea total o
medianamente divididas, unidas, aliadas a ciertos progresismos o a las
derechas de diferentes calibres, con programa blandos o radicales o sin
programa, les ha ido desde mal a muy mal de todas maneras. Los resultados
han sido muy precarios.
Las izquierdas no han podido trasladar al escenario político-electoral las
influencias en los movimientos sociales y las simpatías motivadas por su
heroísmo.
No han acumulado fuerza en el escenario electoral, más bien han perdido
fuerzas y energías, han desacumulado; e incluso, con esa oposición o
sumándose a sectores del sistema dominante, han reforzado a las derechas.
¡Hasta las cuotas concedidas por las derechas se han neutralizado o
traspasado al campo de los partidos tradicionales!
En todos estos casos el denominador común ha sido el dejarse medir por las
ominosas reglas impuestas.
Ha habido más participación que abstención y la participación ha hecho más
daño que abstenerse.
Pero el problema de fondo es otro: es el tipo de normas y mecanismo que nos
excluye, el sistema electoral tramposo que nos margina.
Las causas de esos resultados van más allá de la división y la falta de
preparación o tardanzas.
Hay un grave problema estructural, sistémico, a enfrentar y conmocionar.
Además, se dificultan las alianzas amplias con fuerzas
democráticas avanzadas, porque el progresismo dominicano es de los más
atrasados del continente, prefiere siempre sumarse a las derechas; y el
reformismo y la falta de identidad propia-programática en una parte de las
izquierdas, fortalece las derechas y ultraderechas.
No hay que negarse siempre a participar en las elecciones.
Es válido contemplar la posibilidad de participación en todos los escenarios de
lucha que posibiliten acumular fuerza. Pero no se debe participar por participar,
repitiendo experiencias pasadas y severos divorcios entre la táctica electoral y
la estrategia revolucionaria transformadora.
Eso se llama electoralismo y es una enfermedad política de la izquierda adulta.
Las pasadas elecciones dejan experiencias imposibles de evadir.
RESULTADOS EN EL 2024.
Las izquierdas electoralistas, contaminadas de un progresismo
inconsistente y poco atractivo, llevó la peor parte y todavía no han
analizado a profundidad sus causas
El centrismo electoral de Opción Democrática, con el fardo a cuesta
de la alianza congresual con una oposición perversa y desacreditada,
logró posicionarse ligeramente mejor con un discurso algo más crítico y
más juvenil.
El sistema maltrata sistemáticamente a esas minorías, y no se
deciden a enfrentarlo como se debe.
Guillermo Moreno, que se define centro-progresista, cosechó su
fracaso terminal por pactar con el PRM, sumándose incluso a la
candidatura empresarial, neoliberal y pro colonialista de Abinader.
La FR y el MPD, al final, lograron evadir el matadero con un
repliegue táctico.
En el Movimiento Caamañista-MC hace tiempo aprendimos de
nuestros tropezones con esa trampa electoral; aprendimos de las
adversidades insalvables y los errores cometidos cuando nos metimos
en ella como PCD y FR, ya solos o en unidad con otras izquierdas.
Esto, claro está, no es para ufanarse ni para “echar vainas”, porque
más allá de ese acierto político, tenemos conciencia de nuestras
profundas debilidades a superar y estamos empeñados en lograrlo, pero
nuestro viraje sigue demasiado lento y sumamente precario.
Acertamos políticamente en definir al propio SISTEMA COMO EL
GRAN FRAUDE y en reforzar nuestro pronunciamiento público en esa
dirección. Pero con muchas debilidades en cuanto a difusión, acciones e
iniciativas consistentes.
Acertamos en no participar en esa trampa, pero no hemos logrado
que amplios sectores perciban el valor de esa actitud y reflexionen sobre
ella, incluida la necesidad de colocar en la agenda nacional el debate
sobre el valor y la pertinencia del proceso constituyente en las actuales
circunstancias; ahora reforzado por estos resultados electorales y toda la
cháchara sistémica sobre las reformas, más bien cotrreformas.
Por eso nuestra reflexión crítica y autocrítica debe profundizarse para reforzar
la decisión de proponernos auto-transformarnos, crecer en calidad y cantidad,
ayudar a conformar un torrente de izquierda más fuerte y unido, y más
radicalmente innovador.
Esto nos exige pensar en las nuevas izquierdas y fuerzas transformadoras
(políticas, sociales y culturales), mucho más allá de nuestras filas y mucho más
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allá de lo que pueda recuperarse de la izquierda histórica y de las generaciones
que la integran.
Nos exige, además, afinar puntería sobre los discursos perversamente
renovadores y profundamente populistas de las nuevas derechas
ultraconservadoras y neofascistas, capaces a la vez de explotar prejuicios
ancestrales a su favor y de cooptar y deformar viejos reclamos de factura
izquierdista.
IDEAS PARA EL POSICIONAMIENTO EN ESTE PERIODO.
Primero que nada, hay que consensuar una línea política integral y un
programa transformador para este periodo y sus diversas coyunturas políticas,
determinación que en la temática de la lucha por el poder es mucho más que la
posibilidad o no de acumular fuerza con la participación electoral
Decidir desde ya una participación electoral fundamentalmente sobre la base
de la suma unitaria de nuestras débiles izquierdas coaligadas y de otros
progresismos inconsistentes, no es una actitud responsable.
Sin juventudes militantes, estudiosas y trabajadoras, sin nuevos liderazgos
políticos forjados al calor de las luchas politizadas y los grandes debates
políticos, es imposible avanzar significativamente en lo electoral.
Sin un proyecto atractivo de rescate de soberanía, de cultura contra-
hegemónica y creación de democracia, auto-determinación y liberación social,
las posibilidades de éxito son ilusorias.
Decidirlo ahora, sin tener en cuenta todo lo relativo al sistema fraudulento y a
las causas profundas de la marginalidad electoral de nuestras izquierdas; sin
asumir una estrategia transformadora y una táctica derivada de ella, equivale a
tropezar con el mismo peñón.
Carece de bases reales hacerlo sin asumir previamente la crítica impugnadora
de esta seudo-democracia, de sus bases constitucionales, de su
institucionalidad, de sus reglas de juegos electorales…sin decidirnos a meterla
en crisis mayor, a crear desde la indignación y la movilización popular
coyunturas más favorables.
Políticas para un periodo de contrarreformas.
Todo indica que la orientación fundamental del régimen de Abinader-PRM y
sus élites empresariales, contempla mantener el estatus quo esencial y tratar
de imponer nuevas contrarreformas en dirección a una fase más drástica del
dominio neoconservador y neocolonial.
Eso nos plantea la urgencia de acelerar la línea de reactivación y politización
de los movimientos y de las luchas sociales, junto a una oportuna elaboración
de propuestas de reformas puntuales alternativas y de transformaciones
estructurales que enfrenten las contrarreformas.
Las contrarreformas son favorecidas por las características ultraconservadoras
y la profundización de la degradación ético-moral del Congreso electo el
pasado 19 de mayo del 2024, este último dominado aplastantemente por el
PRM y aliados.
Eso no excluye algunos adornos para oxigenar el dominio opresivo, pero
observen que ya comenzaron a plantearse las contrarreformas, como lo revela
el draconiano proyecto de Código Penal, ya aprobado en el Senado.
La línea oficial y del conjunto del sistema de dominación apunta a
contrarreformas mezcladas con allantes cosméticos.
De ahí la importancia de fijar con claridad lo que se demanda en materia fiscal,
código laboral, código penal seguridad social, derechos de la mujer sistema
eléctrico y política sobre energía, agua, medio ambiente y minería, entre otros
temas; siempre con un contenido que apunte hacia lo transformador.
Todavía más importante es retomar, con nuevos bríos, a la relación directa con
el pueblo, a la línea de formación política y de los vínculos con los sectores
juveniles más receptivos y todo lo relacionado con la dominación cultural y la
comunicación alternativa, ya escrita, televisiva, radial o en las redes;
procurando desatar una eficaz batalla de ideas que acompañe el relanzamiento
ya iniciado de las protestas y movilizaciones sociales, acompañado de una
propuesta político unificadora con fuerte contenido anti sistémico, crítico de las
cúpulas dominantes..
En tanto son impensables las transformaciones estructurales e institucionales
sin luchar por rescatar la soberanía frente a EEUU y sin detener y aislar la
entronización de las ideas ultra conservadoras y el renacer del neofascismo, se
impone desplegar una batalla de ideas con énfasis en ambas direcciones;
procurado un cambio sustancial en la manera de pensar y actuar de juventud
estudiosa y trabajadora, en el pueblo trabajador, sin tutela de ninguna índole y
estimulando sus energías creadoras en el contexto de este cambio de época.
Urge consensuar desde las izquierdas coordinadas dos cuestiones
importantes: un Programa Transformador para este periodo, apuntando hacia
transición alternativa al sistema en medio de su crisis crónica y una propuesta
política que incluya CONSTITUYENTE POPULAR y SOBERANA,
AUTODETERMINACIÓN y TRANSFORMACIONES POLÏTICAS,
ECONÓMICAS, SOCIALES y CULTURALES PROFUNDAS.



