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Opiniones

¡Hola tristeza! ..

Por Venecia Joaquin
Estaba completamente sola; la ciudad dormía; de
pronto una profunda melancolía se apoderó de mi
ser y sentí unas ahogadas ganas de llorar: llegó la
tristeza. Sabía que tocaría mi puerta, conozco los
síntomas de su llegada; suelo decir, “que sola me
siento” y el llanto fluye.
A la tristeza, debemos atenderla; no llega para que
la “añoñemos” y comencemos a lamentarnos, viene
a despertar el YO interior; llega para avisar que algo
anda mal en tu interior y te prepara, suavemente,
para que lo enfrente.
Suelo atenderla, cuando no puedo ser indiferente a
sus insistentes llamados; no es agresiva, es
sintomática. Esa desolación sigilosa, es una alerta
que persigue ayudarnos a ser felices; suele
volvernos sentimentales, románticos, soñadores; lo
feo lo envuelve de lánguida belleza y pone el llanto
a limpiar el alma. Si la ignora, se transforma en
ansiedad; pero si la atiende, te pondrás a evaluar tu
vida, el ambiente que te rodea; te vuelve al pasado
y proyecta al futuro; en apretada síntesis, va
pasando por tu mente escenarios desagradables y
hermosos, que tienen que ver con su llegada; te

llevas a ponderarlo y buscar respuestas realistas,
prácticas, que den alegría a la vida o no se va.
Ese decaimiento espiritual, que es la tristeza,
generalmente, suele ser producto de aglutinar
situaciones adversas, dolorosas, que, consciente o
inconscientemente, evocamos: perdida de un ser
querido, de un empleo, ruptura amorosa,
enfermedad, etc., surge de resistirnos a aceptar
realidades, pero también suele tener pinceladas de
añoranzas, de eventos lindos: familia, hijos, la
naturaleza, mar, sol, alegrías, el amor, etc. La
tristeza es sentimental ¡le encanta hacer pensar en
los seres que ama!, algunos, físicamente lejos pero
espiritualmente presente.
Ella es un suave pellizco al alma, para que analice tu
interior y reconozca errores; para que cambie de
escenario, salga, compartas, te diviertas; busca
conectarte con la rutina del diario vivir; que llene de
energía positiva tu vida, haciendo lo que te agrada,
sin lastimar los demás. Entonces, comprenderás
que la vida tiene vacíos, que hay etapas; que es
difícil disfrutar del hoy como el ayer; que ha estado
imitando lo que hace feliz a otro, no a ti; evocando
eventos negativos, que restan energía; que
borraste cosas bellas, ¡que olvidaste a Dios!

Indiscutiblemente, esa desolación te enseñas que, si
retomas antiguos contactos, hace vida social, te
divierte a tu manera, con actividades que te gustan,
deportes, lecturas, juegos, paseos, cocinar, etc.., te
llenaras de ánimo y alegría; respiraras profundo,
secaras las lágrimas, sonreirás y miraras despejado,
el entorno; entonces, de pronto comprendes que se
ha marchado la tristeza y te ha dejado en compañía
de tu esencia, de tu ser.
¡Hola tristeza! ya no te temo, tú siempre vienes a
traerme la grata visita de mi verdadero YO.

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