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BancariasOpiniones

Palabras del gobernador del Banco Central de la República Dominicana, Héctor Valdez Albizu, en el XV Congreso Internacional de Finanzas y Auditoría (CIFA), organizado por la Asociación de Bancos Múltiples de República Dominicana (ABA) y la firma de auditoría y consultoría BDO

Buenas noches,
Quiero iniciar mis palabras expresando mi más sincero agradecimiento a la Asociación de
Bancos Múltiples de la República Dominicana (ABA) y a la escuela de negocios de la firma de
auditores y consultores BDO, organizadores de este quinceavo Congreso Internacional de
Finanzas y Auditoría (CIFA), por cursarme una gentil invitación para dar inicio a este magno
evento con una exposición sobre las perspectivas de la recuperación económica dominicana
en el entorno global.
Constituye para quien les habla un honor presentar la visión del banco central sobre este
tema ante un público diverso, integrado principalmente por ejecutivos y expertos de las áreas
de auditoría, finanzas, contabilidad y tecnología del sistema financiero. En lo personal,
considero esencial el rol que desempeñan estos profesionales y valoro su dedicación para
que las entidades bancarias obtengan de forma oportuna información fehaciente sobre su
posición financiera, lo que facilita la toma de decisiones.
Como he señalado en otros foros, vivimos tiempos de incertidumbre mundial; enfrentamos un
entorno externo complejo y convulso en que las economías han sido sacudidas por un doble
choque. Por un lado, una especie de tormenta perfecta desatada por la mayor crisis sanitaria
que haya conocido la humanidad en un siglo; por otro, una confrontación bélica entre Rusia y
Ucrania, países que por su influencia en los mercados mundiales de alimentos y materias
primas han exacerbado las presiones inflacionarias que se originaron por las disrupciones de
la oferta provocadas por la pandemia.
Para que se tenga una idea de esta influencia, basta señalar que según datos del Banco
Mundial, Rusia y Ucrania son responsables en conjunto del 25% de las exportaciones de trigo
y del 14% de las exportaciones de maíz a nivel global. Rusia es además un gran productor de
energía, suministrando el 14% del petróleo crudo y el 9% del gas natural en todo el planeta.
He organizado mi disertación en dos partes. En primer lugar, les explicaré de forma sucinta
cómo la República Dominicana diseñó y ejecutó una estrategia efectiva para enfrentar la
crisis internacional en dos frentes: salud y economía. En una segunda parte, presentaré los
principales aspectos de la recuperación económica dominicana y sus perspectivas futuras.
La política económica dominicana en tiempos de pandemia: Una historia de éxito
Desde la aparición del coronavirus, República Dominicana enfrentó la crisis sanitaria con
determinación. Con el objetivo de moderar la propagación del virus y evitar una saturación en
las unidades de cuidados intensivos, el gobierno dominicano, con la aprobación del Congreso
Nacional, declaró el país en estado de emergencia. Esta declaratoria le permitió cerrar sus
fronteras por tierra, mar y aire, a la vez que se imponía un toque de queda que limitó la
circulación de la población a nivel nacional.

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Como ocurrió en otros países, estas medidas de confinamiento llevaron a una recesión
económica con pérdidas de empleos. La actividad económica colapsó al registrar -9.4% en
marzo y -29.8% en abril 2020, esta última la mayor caída en un mes cualquiera en la historia
dominicana. En este ambiente recesivo, el gobierno implementó políticas sociales orientadas
a mitigar la pérdida de empleos y a moderar el impacto económico de la crisis sanitaria en los
sectores más vulnerables.
Al principio de la pandemia se pusieron en marcha los programas Fase I y Fase II, basados
en el pago del gobierno de una porción de los salarios de los empleados suspendidos por las
empresas suscritas al programa. Asimismo, para garantizar ciertos ingresos a los sectores
más necesitados, el gobierno lanzó Quédate en casa, un programa que aumentó tanto el
número de familias suscritas a este beneficio, como el monto pagado a los hogares que ya
recibían transferencias condicionadas. Un cuarto programa, Pa’ ti, consistió en un esquema
orientado a beneficiar a los trabajadores informales.
Posteriormente y gracias al liderazgo del presidente Luis Abinader se intensificaron las
políticas sociales con el objetivo de brindar más oportunidades a los sectores de bajos
ingresos y facilitar su incorporación al mercado de trabajo. En ese sentido, se introdujo el
programa Supérate que cubre un millón de hogares categorizados como vulnerables y otorga
una transferencia monetaria que es el doble de lo que se recibía antes bajo el programa
Comer es Primero. Más recientemente, en esta semana, el presidente anunció el llamado
Bono de Apoyo Familiar que otorga un monto único de RD$1,500 a un millón de hogares
para contrarrestar los efectos de la crisis pospandémica.
En cuanto al acceso a la salud de la población más desprotegida, el presidente cumplió con
su promesa de incluir dos millones de nuevos afiliados al Seguro Nacional de Salud,
garantizándole acceso oportuno y de calidad a distintos servicios de salud. Asimismo, el
mandatario ha estado a la cabeza de un plan orientado a lograr una transformación a nivel
nacional del sistema de salud, con inversiones históricas que ascenderían a final de este año
a más de RD$3,500 millones para el remozamiento y equipamiento con tecnología moderna
de los centros hospitalarios existentes.
Mas allá de las medidas del gobierno de apoyo a los sectores vulnerables, el banco central
trabajó arduamente en moderar el impacto de la crisis sanitaria en la economía,
preservando la estabilidad y sentando las bases para la recuperación. En ese sentido, la
Junta Monetaria aprobó uno de los programas más amplios de provisión de liquidez a nivel
regional, poniendo a disposición de las entidades financieras RD$ 215 mil millones
(equivalentes a 5.0% del PIB) para el financiamiento de empresas y hogares a tasas bajas,
en la mayoría de los casos no mayores a 8.0%.
Para canalizar estos fondos, el banco central utilizó una diversidad de instrumentos,
incluyendo operaciones de reporto, liberalización de encaje legal para ser dirigido a los
sectores productivos y a la micro, pequeña y mediana empresa, así como la introducción de
la llamada facilidad de liquidez rápida (FLR). Este último instrumento permitió a las entidades
financieras acceder a fondos del banco central a tasas de interés de apenas 3.0% poniendo
como garantía títulos del gobierno, del banco central, préstamos favorablemente calificados e
incluso el propio capital de la empresa bancaria.

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Además de ser responsable de la política monetaria, el banco central vela por la estabilidad
financiera y el buen funcionamiento del sistema de pagos. Consciente de esta
responsabilidad, la institución monetaria permitió que una gran parte de los recursos
inyectados fuesen utilizados por las entidades financieras para refinanciar o reestructurar
préstamos a plazos más largos y tasas más favorables. Con esta medida se logró proteger a
un gran número de clientes bancarios que enfrentaban tensiones financieras y presentaban
dificultades para pagar sus préstamos.
Adicionalmente, la Junta Monetaria aprobó una resolución congelando las calificaciones de
riesgos de los préstamos bancarios al nivel que mantenían al cierre de febrero 2020, último
mes antes de que la Organización Mundial de la Salud declarara al coronavirus como una
pandemia. Gracias a esta decisión, las provisiones bancarias se mantuvieron en niveles
razonables y se fue sorteando la crisis con indicadores financieros muy superiores a los de la
mayoría de América Latina.
Las medidas del banco central lograron un alto grado de efectividad gracias al rol estelar
jugado durante la crisis por el sistema financiero en general, y por los bancos en particular.
Las entidades bancarias no solo colocaron los fondos provistos por el banco central, sino que
contribuyeron a aliviar los problemas financieros de hogares y empresas. No me cabe duda
de que, una vez más, el sistema financiero mostró el gran compromiso que tiene con el
país, poniendo a un lado consideraciones de corto plazo en favor de una visión de
desarrollo sostenible de mediano y largo plazo.
Mas allá de su contribución durante la pandemia, el sistema financiero muestra indicadores
robustos en 2022. El crédito privado en moneda nacional se mantiene creciendo en torno a
13.2% al cierre de junio, mientras el sistema en su conjunto mantiene una rentabilidad sobre
el patrimonio (ROE) de 21.7% y sobre los activos (ROA) de 2.5% a mayo. La morosidad de la
cartera de créditos se ubica en torno a 1.0% y la solvencia se mantiene elevada en 17.3%,
prácticamente el doble de lo requerido por la normativa.
Hay que reconocer el papel jugado por la Superintendencia de Bancos, cuidando
celosamente la estabilidad financiera, tanto durante el periodo pandémico como en la
recuperación económica. Puedo afirmar, sin temor a equivocarme que el rol de la
Superintendencia durante este periodo ha sido clave para que los indicadores financieros
exhiban una evolución positiva.
La política expansiva del banco central creó las condiciones para que, una vez iniciada la
apertura gradual de la economía, la recuperación de la producción nacional fuese posible, en
un principio de forma moderada y posteriormente, con una notable aceleración. En efecto,
luego de su punto más bajo en abril 2020, la economía comenzó a mejorar gradualmente
hasta cerrar ese año con una caída de 6.7% interanual, una contracción mucho menor a la
esperada inicialmente.
Los efectos de la política monetaria fueron aún mayores luego de la introducción del Plan
Nacional de Vacunación en febrero 2021. Dicho plan, ejecutado por el Gabinete de Salud que
dirige eficientemente la vicepresidenta Raquel Peña, logró inocular en un breve periodo de
tiempo a un 80% de la población adulta, al tiempo que redujo la tasa de letalidad del virus por
debajo de 1.0%.

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Estos logros de la política de salud han sido destacados a nivel internacional por el Director
General de la OMS, Tedros Adhanom, quién felicitó al país por la baja tasa de letalidad
alcanzada. Asimismo, el FMI, en la nota de prensa publicada en su última visita al país de
artículo cuarto, destacó que el exitoso plan de vacunación dominicano fue uno de los factores
que más incidió en la recuperación económica.
Con el plan de vacunación en marcha, en febrero 2021 se comenzaron a registrar tasas de
crecimiento positivas en la economía, logrando que el PIB real creciera 12.3% durante ese
año. Quiero enfatizar que este crecimiento no fue un simple rebote estadístico, como se
ha querido afirmar en algunos círculos. Como reconoció la misión del FMI en el
comunicado de prensa antes mencionado, se trata de una importante recuperación
comprobada por el hecho de que, al comparar los volúmenes de producción real de 2021 con
los alcanzados en 2019, último año de la pre-pandemia, la economía creció 4.7%, una de las
tasas más altas de América Latina.
En el mercado laboral, el dinamismo económico ha contribuido a una recuperación de los
empleos, tanto formales como informales. En ese sentido, el empleo total se ubicó en torno a
4.6 millones en el primer trimestre de este año, un nivel similar al registrado previo a la
pandemia. Asimismo, la tasa de desocupación abierta se redujo de 8.0% en enero-marzo de
2021 a 6.4% en enero-marzo de 2022.
Perspectivas de la recuperación dominicana en el nuevo entorno global
A pesar de la coyuntura externa menos favorables debido a la guerra entre Rusia y Ucrania,
la economía dominicana se ha mantenido creciendo en 2022. Datos preliminares del
Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) muestran que la economía creció 5.6%
durante los primeros cinco meses del año, una expansión por encima de su tasa potencial y
en línea con lo previsto en el Programa Monetario.
La economía dominicana mantiene además sólidos fundamentos, visibles en unas cuentas
fiscales que a abril eran superavitarias en 0.4% del PIB y en un déficit de cuenta corriente que
se ubicaría en torno a 3.0% del PIB a final de año, totalmente cubierto por una inversión
extranjera directa que excedería los US$3,500 millones. En el sector externo, también se
observa que las exportaciones totales crecieron 14.9% en enero-mayo de 2022 al ubicarse en
US$ 5,721 millones, como resultado de la expansión interanual de las exportaciones
nacionales en 17.7% y de las exportaciones de zonas francas en 12.7%.
Asimismo, las reservas internacionales se ubicaron en torno a US$14,450 millones a junio, un
13.3% del PIB y suficientes para cubrir 6 meses de importaciones. Las remesas, por otro
lado, superaron los US$4,800 millones en enero-junio 2022 y podrían cerrar el año en torno a
US$10 mil millones. En cuanto al turismo, se recibieron unos 3.5 millones de visitantes no
residentes en el primer semestre del año, un flujo de turistas mayor que lo recibido en igual
periodo de la pre pandemia. Los ingresos generados por concepto de turismo en enero-junio
2022 ascendieron a US$ 4,121 millones, por lo que se espera cerrarían el año por encima de
los US$ 8 mil millones.
Este desempeño favorable de las actividades generadoras de divisas ha contribuido a

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mantener la estabilidad relativa del tipo de cambio, presentando una apreciación de
aproximadamente 5.0% en el primer semestre de 2022. Cabe destacar que mientras en
República Dominicana el peso se aprecia, en la mayoría de los países de América Latina se
observa una tendencia a la depreciación que exacerba las presiones inflacionarias
provenientes del exterior.
A pesar del gran desempeño de la economía dominicana, debemos reconocer que el mundo
enfrenta un escenario de alta inflación y ralentización económica, provocado por el choque de
oferta generado por la pandemia y por el impacto de la guerra entre Rusia y Ucrania sobre los
precios internacionales. Ante estos incrementos de precios, los bancos centrales han
reaccionado con aumentos de sus tasas de referencia para moderar la demanda agregada y
prevenir un deterioro en el diferencial de tasas de interés que pueda provocar salida de
capitales.
En los países industrializados, los problemas de oferta y el incremento de los precios de los
commodities han llevado a una moderación del crecimiento y a un aumento de la inflación. Se
espera que Estados Unidos de América (EUA), la principal economía del mundo, crezca
apenas 2.1% en 2022, luego de una expansión de 5.7% en 2021. Asimismo, el crecimiento de
la Zona Euro (ZE) se reduciría de 5.4% en 2021 a 2.7% en 2022. En cuanto a la inflación,
EUA registró una tasa de 9.1% en junio, la más alta en cuatro décadas. Por su parte, la
inflación de la ZE en junio se situó en 8.6%, su nivel más alto alcanzado en toda la historia de
este bloque de países.
En América Latina, las presiones inflacionarias han sido aún más marcadas. Países como
Brasil, Chile, Paraguay, Costa Rica y Honduras registran inflaciones mayores a 11.0%
interanual a junio. Con el objetivo de moderar las presiones inflacionarias, los bancos
centrales de la región han subido continuamente sus tasas de política monetaria (TPM).
Específicamente, desde 2021, los países con mayores aumentos medidos en puntos básicos
son: Argentina (1,400), Brasil (1,125), Chile (925), Paraguay (700), Perú (575), Colombia
(575), Uruguay (525) y Costa Rica (475).
En el caso particular de República Dominicana, la inflación acumulada a junio fue de 4.96%,
mientras la inflación interanual se situó en 9.48%, lo que ha llevado al banco central a
aumentar su TPM de 3.0% a 7.25%, unos 425 puntos básicos. Como se puede observar, el
accionar del banco central dominicano ha estado en línea con las decisiones de los
bancos centrales a nivel global, todos inmersos en una lucha sin cuartel por contener
las presiones inflacionarias, originadas en la tendencia alcista del precio del petróleo y
de los precios internacionales de bienes alimenticios como el maíz, el trigo, el sorgo y
la soya, así como el costo del transporte en contenedores y de los fertilizantes.
La buena noticia es que las presiones inflacionarias han comenzado a ceder. La inflación
interanual fue inferior en mayo y junio que en abril y se espera que este comportamiento
continúe lo que resta del año, por lo que la inflación convergería al rango meta del banco
central de 4.0% ± 1.0% durante 2023. Por otro lado, de acuerdo al sistema de pronósticos
que contiene los distintos modelos de proyección del banco central y a organismos
multilaterales como el FMI y el Banco Mundial, la economía dominicana crecería 5.0%, una
tasa de expansión cercana al potencial, tanto en 2022 como en 2023.

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Es preciso señalar que el producto nominal se situaría en 2022 en US$109,045 millones y
seguiría creciendo hasta superar los RD$120 mil millones en 2024. En ese año, tal y como
afirma el FMI, República Dominicana se convertiría en la séptima economía más grande de
América Latina. El crecimiento del PIB nominal, junto a una estrategia moderna y eficiente
de manejo de pasivos del Ministerio de Hacienda orientada a reducir el servicio de la
deuda y mejorar su sostenibilidad, han sido determinantes para que la deuda del sector
público consolidado (SPC) presente una tendencia descendente. En efecto, luego de alcanzar
69.1% del PIB en 2020 por los efectos de la crisis, la deuda del SPC se redujo a 62.6% del
PIB en 2021 y se espera cerraría este año en torno a 59.0% del PIB.
Quiero concluir mis palabras diciendo que, a pesar del entorno complejo e incierto que nos ha
tocado vivir en los últimos años, la economía dominicana mantiene sólidos fundamentos y,
como en otras ocasiones, saldrá fortalecida del gran desafío que ha significado el doble
choque provocado por la crisis sanitaria y el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania.
Me siento confiado, amigos y amigas, de que la economía dominicana continuará su
dinamismo, generando cada vez más y mejores empleos para los dominicanos, fomentando
el consumo y creando nuevas oportunidades de inversión. Las buenas políticas, junto al
impulso brindado por el presidente Luis Abinader a la actividad productiva a través de
distintas iniciativas, como las alianzas público-privadas y otras modalidades de cooperación
entre el gobierno y el mercado, son garantías de que el país continuará transitando el camino
hacia un desarrollo pleno.
No albergo dudas de que nos espera un futuro promisorio. Como en ocasiones anteriores,
juntos podremos sobreponernos a la adversidad.
Les deseo una jornada de trabajo provechosa en el resto de este Congreso.
Muchas gracias.

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