{"id":219659,"date":"2026-05-26T06:51:18","date_gmt":"2026-05-26T10:51:18","guid":{"rendered":"https:\/\/primicias.net\/web\/?p=219659"},"modified":"2026-05-26T06:51:18","modified_gmt":"2026-05-26T10:51:18","slug":"dos-compadres-el-amor-de-una-mujer-y-un-juez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primicias.net\/web\/dos-compadres-el-amor-de-una-mujer-y-un-juez\/","title":{"rendered":"Dos compadres, el amor de una mujer y un juez"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Emiliano Reyes Espejo<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"mailto:ere.prensa@gmail.com\"><strong><em>ere.prensa@gmail.com<\/em><\/strong><\/a><\/p>\n<p><strong>E<\/strong>l hecho de que dos amigos se fijase en la misma mujer, y que en el tr\u00e1fago de estas codicias amorosas ninguno quisiera ceder ante sus afanes de conquistas, podr\u00eda verse como el trozo de \u201cuna vida irreal\u201d, remota, incre\u00edble y novelesca. Pero result\u00f3 ser tan real como la vida misma.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n se torn\u00f3 tirante. Hab\u00eda llegado a un punto de quiebre de a\u00f1os de una amistad que parec\u00eda eterna. El emblem\u00e1tico compadrazgo que hab\u00eda nacido en las aulas de la Facultad de Humanidades de la universidad estatal se fue a\u00a0pique. \u201cTodo se derrumb\u00f3\u2026\u201d, dir\u00eda una vieja canci\u00f3n del mexicano Emmanuel. Y es que \u00e9stos enamorados empedernidos no pensaron en los tiempos de alegr\u00eda, amarguras y ditirambos pol\u00edticos. Parecen desvanecerse las penurias compartidas en los pasillos universitarios donde rumiaban sus estudios de periodismo. El acercamiento, si se quiere id\u00edlico, result\u00f3 tan profundo que \u00e9stos juraron ante Dios mantener un firme compadrazgo a toda prueba o por encima de las circunstancias.<\/p>\n<p>Lamentablemente, no fue as\u00ed, entre ellos se impuso \u201cuna locura de amor\u201d.<\/p>\n<p>Los dos viejos amigos y camaradas del partido, tomaron la radical y t\u00e9trica decisi\u00f3n de \u201cbatirse a tiros\u201d por el amor de una dama. Concluyeron que la mejor manera de dirimir el sentimiento que sent\u00edan por esa mujer era por v\u00eda de las armas, al estilo del viejo Oeste de Estados Unidos.<\/p>\n<p><strong>\u2013 \u201cCompadre, vamos a resolver esto de una vez, vamos a batirnos a tiros<\/strong>\u201d, dijo Leocadio Rojas (El Intelectual) a su amigo Pericles Marte (El Fil\u00f3sofo) en un pat\u00e9tico arranque de celos surgido a ra\u00edz de los efectos del alcohol<strong>. \u2013 \u201cEl que quede vivo, compadre, que se quede con Mireya\u201d.<\/strong><\/p>\n<p>Leocadio, era conocido en los corrillos de la facultad de humanidades como \u201cEl Intelectual\u201d por sus profundas y desafiantes reflexiones acad\u00e9micas. \u00c9ste lleg\u00f3 incluso a desafiar a profesores en las aulas, mientras a Marte se le consider\u00f3 un \u201cfil\u00f3sofo\u201d por sus conocimientos de esta disciplina humanista. Entraron a los campos profesionales como reputados y respetados comunicadores.<\/p>\n<p>Hasta que una circunstancia los junt\u00f3 a\u00f1os despu\u00e9s en Radiotelevisi\u00f3n Dominicana, -uno como empleado y el otro de visitante-con el cambio de gobierno de 1978.<\/p>\n<p><strong>Designan periodistas<\/strong><\/p>\n<p>En el giro de las cosas, llegaron al departamento de Prensa de la emisora nuevos periodistas, entre ellos Leocadio \u201cEl Intelectual\u201d. En el transcurso de los d\u00edas, comenz\u00f3 a \u201ctirarle la vista\u201d a la recepcionista de la televisora, la cual, al parecer, lo envileci\u00f3, pero de tal manera, que caus\u00f3 que, de vez en cuando, \u00e9ste se le aparec\u00eda a la joven con ramos de flores, aperitivos y en ocasiones le recitaba poemas de amor.<\/p>\n<p>No puede decirse que ella era una diva. Pero esta una mujer, gordita, y con una gracia encantadora, encandilaba a Leocadio, y a los visitantes que acud\u00edan por diversas razones a la estaci\u00f3n radiotelevisiva. Ella, con una pose tierna y de joven ingenua, mostraba una sonrisa divina y miradas sugerentes que atra\u00edan con sus salvajes ojos color avellana, su \u201cpiel canela\u201d y desbordante empat\u00eda.<\/p>\n<p>En una ocasi\u00f3n, Leocadio invit\u00f3 a su compadre y casi hermano Pericles El Fil\u00f3sofo para que le visitara en su nuevo trabajo. All\u00ed present\u00f3 a la que \u00e9l dec\u00eda que ser\u00eda su \u201csue\u00f1o de amor\u201d, a su pareja perfecta, a la que ser\u00eda el amor de su vida, la madre de las decenas de hijos que pensaba procrear con esta dama.<\/p>\n<p>Y ese fue el error de Leocadio. El Fil\u00f3sofo qued\u00f3 gratamente impresionado con la belleza de aquella mujer y no esper\u00f3 para confesar a su compadre que a \u00e9l tambi\u00e9n le interesaba la recepcionista.<\/p>\n<p><strong>Locura de amor<\/strong><\/p>\n<p>A partir de ese momento las cosas cambiaron. Los compadres que dec\u00edan que su amistad segu\u00eda s\u00f3lida como una piedra sacada del r\u00edo Yaque el Sur, comenzaron a surgir diferencias entre ambos. Y lo que eran discusiones sobre periodismo, filosof\u00eda y otros temas acad\u00e9micos, las conversaciones se centraron en resaltar la hermosura de Mireya y a cu\u00e1l de los dos ella prefer\u00eda para que fuera su pareja.<\/p>\n<p>Leocadio aleg\u00f3 que \u00e9l lleg\u00f3 primero a la vida de Mireya. Pericles, en cambio, dec\u00eda que sus efluvios filos\u00f3ficos nacidos desde el mismo coraz\u00f3n de Pit\u00e1goras, era suficiente para cultivarla y lograr que ella se inclinara por \u00e9l. Entre discusiones, una tarde, Leocadio emplaz\u00f3 a El Fil\u00f3sofo a resolver el problema como dos hombres, acudiendo a la v\u00eda de las armas. Pero \u00e9ste ripost\u00f3 dici\u00e9ndole que no era hombre de armas a tomar, que su arte, su pasi\u00f3n era la filosof\u00eda. Advirti\u00f3, sin embargo, que estar\u00eda dispuesto a batirse con su amigo por el amor de Mireya, \u201ca toda honra\u201d. Entonces me buscaron a m\u00ed para que sirviera de \u201cjuez\u201d, ante lo que entend\u00edan era una noble causa por el amor de esta mujer, la cual, aunque galanteaba a los dos, no se decid\u00eda y desconoc\u00eda sus desgarradores arrebatos amorosos.<\/p>\n<p><strong>La balanza del juez<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u201cLa decisi\u00f3n est\u00e1 en tus manos\u201d,\u00a0<\/strong>expres\u00f3 El Fil\u00f3sofo. Plante\u00f3 la posibilidad de que yo intervenga como consejero para dirimir en un desaf\u00edo a muerte entre estos dos amigos. Antes, los tres nos trasladamos a un restaurante para discutir los pormenores del duelo. Hablamos sobre las medidas a adoptar, el lugar y qui\u00e9nes estar\u00e1n en el lugar. Trat\u00e9 de convencerlos de que no era la mejor opci\u00f3n, pero insist\u00edan en que deb\u00edan dirimir la situaci\u00f3n y cerrar esto de una sola vez.\u00a0 Gracias a mi reputada paciencia estoica las discusiones, acompa\u00f1adas de largos tragos de romos, no derivaron en agresiones f\u00edsicas.\u00a0<strong>-\u201cP\u00f3nganse de acuerdo, decidan cu\u00e1l de los dos se quedar\u00e1 con Mireya\u201d,<\/strong>\u00a0expres\u00e9. Leocadio repet\u00eda con insistencia, ya con avanzados efectos del alcohol, que \u00e9l la conoci\u00f3 primero y que en justicia ten\u00eda derecho ser quien se case con ella. El Fil\u00f3sofo, en cambio, afirmaba que Mireya lo prefer\u00eda y que \u00e9l se dio cuenta de ello el primer d\u00eda que la conoci\u00f3.<\/p>\n<p>Entre tragos y m\u00e1s tragos, y nada de lograr que El Fil\u00f3sofo y El Intelectual se pusieran de acuerdo, decid\u00ed marcharme. El alcohol ya me hab\u00eda trastornando el sentido y eso no era adecuado para mi papel de magistrado.<\/p>\n<p><strong>\u2013\u201cYa est\u00e1 bueno\u201d,\u00a0<\/strong>grit\u00e9 algo contrariado.<strong>\u00a0Resuelvan eso ya, p\u00f3nganse de acuerdo, ustedes parecen dos ni\u00f1os apegados a una paleta\u201d,<\/strong>\u00a0dije mientras balbuceaba algunas palabras que apenas se entend\u00edan. Decid\u00ed abandonar mi rol de juez por visible incapacidad. El ron me hab\u00eda noqueado y despojado de la balanza de la justicia.<\/p>\n<p>La discusi\u00f3n sigui\u00f3 en pleno apogeo y me fui, aunque preocupado por lo que pudiera ocurrir. Tem\u00ed que\u00a0 estos terminaran agredi\u00e9ndose y da\u00f1\u00e1ndose. Pero gracias a Dios Leocadio y Pericles El Fil\u00f3sofo se pusieron de acuerdo en mi ausencia y sin mi intervenci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>-\u201cDecidimos convencer a Mireya. Saldr\u00e1 un d\u00eda con uno y despu\u00e9s con el otro\u201d<\/strong>, me informaron d\u00edas despu\u00e9s.\u00a0<strong>\u201cElla, \u2013<\/strong>a\u00f1adieron-\u00a0<strong>nos consentir\u00e1 a los dos, nos ha manifestado que lo pensar\u00e1 y nos avisar\u00e1\u201d.<\/strong><\/p>\n<p>Me enter\u00e9 con el tiempo que ataviada de dulces bondades, la hermosa Mireya, a fin de evitar la ocurrencia de lo que seg\u00fan ella iba a ser una tragedia, decidi\u00f3 compartir su vida con estos dos buenos amigos. Y fueron felices los tres.<\/p>\n<p><strong>*El autor es periodista.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Emiliano Reyes Espejo ere.prensa@gmail.com El hecho de que dos amigos se fijase en la misma mujer, y que en el tr\u00e1fago de estas codicias amorosas ninguno quisiera ceder ante sus afanes de conquistas, podr\u00eda verse como el trozo de \u201cuna vida irreal\u201d, remota, incre\u00edble y novelesca. 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