{"id":216697,"date":"2026-04-17T10:29:59","date_gmt":"2026-04-17T14:29:59","guid":{"rendered":"https:\/\/primicias.net\/web\/?p=216697"},"modified":"2026-04-17T10:29:59","modified_gmt":"2026-04-17T14:29:59","slug":"corrupcion-y-pobreza-mas-de-lo-mismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primicias.net\/web\/corrupcion-y-pobreza-mas-de-lo-mismo\/","title":{"rendered":"Corrupci\u00f3n y pobreza: \u00bfm\u00e1s de lo mismo?"},"content":{"rendered":"<p>Lic. <strong>Luis Ma. Ruiz Pou<\/strong><\/p>\n<p><em>\u201cMientras no se escarmienten a los malos corruptos, los buenos dominicanos ser\u00e1n v\u00edctimas de sus enga\u00f1os y de sus robos\u201d.<\/em> La sentencia de Virgilio Bello Rosa no ha perdido vigencia; por el contrario, parece describir con precisi\u00f3n la realidad persistente de nuestras sociedades.<\/p>\n<p>En medio de una crisis econ\u00f3mica global que obliga a los gobiernos a aplicar severos ajustes presupuestarios, la historia se repite: las cargas recaen sobre los m\u00e1s pobres, mientras los beneficios tienden a concentrarse en los sectores m\u00e1s privilegiados. Este desequilibrio no es casual. Tiene ra\u00edces profundas en un fen\u00f3meno que socava la institucionalidad: la corrupci\u00f3n.<\/p>\n<p>Definida como el abuso del poder p\u00fablico en beneficio privado, la corrupci\u00f3n ha sido calificada por organismos internacionales como un verdadero \u201cc\u00e1ncer\u201d que debilita los derechos humanos, drena los recursos p\u00fablicos y ahuyenta la inversi\u00f3n extranjera. Pero reducirla \u00fanicamente al \u00e1mbito estatal ser\u00eda un error. El fen\u00f3meno tambi\u00e9n se nutre de la complicidad del sector privado, que en ocasiones promueve pr\u00e1cticas il\u00edcitas para asegurar contratos y privilegios, sin reparar en el da\u00f1o que provoca al tejido social.<\/p>\n<p>La corrupci\u00f3n distorsiona las funciones del Estado, privilegiando a unos pocos a costa de la mayor\u00eda. De este modo, el af\u00e1n desmedido de riqueza termina convirti\u00e9ndose en un motor de desigualdad y pobreza. No se trata solo de una falla \u00e9tica individual, sino de una din\u00e1mica estructural que reproduce exclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Parad\u00f3jicamente, mientras en el pa\u00eds se celebran cumbres y convenciones internacionales para combatir la corrupci\u00f3n \u2014como la Convenci\u00f3n Interamericana contra la Corrupci\u00f3n o encuentros de jefes de Estado\u2014 los resultados concretos siguen siendo escasos. Abundan los discursos, pero faltan las acciones. Los expedientes se anuncian, pero rara vez se traducen en sanciones ejemplares.<\/p>\n<p>Tal como advirti\u00f3 el entonces secretario general de la OEA, C\u00e9sar Gaviria, la corrupci\u00f3n no es solo un problema de individuos, sino de sistemas. Perseguir a algunos culpables sin transformar las estructuras que facilitan estas pr\u00e1cticas es, en el mejor de los casos, una soluci\u00f3n temporal. Pronto surgir\u00e1n nuevos actores que ocupar\u00e1n el lugar de los sancionados si las condiciones que permiten la corrupci\u00f3n permanecen intactas.<\/p>\n<p>En este contexto, resulta imprescindible reconocer que el verdadero motor del desarrollo es el capital humano. Sin pol\u00edticas p\u00fablicas orientadas a mejorar las condiciones de vida de la poblaci\u00f3n \u2014especialmente de los sectores m\u00e1s vulnerables\u2014 cualquier intento de progreso ser\u00e1 fr\u00e1gil y desigual. La educaci\u00f3n, en particular, se erige como herramienta fundamental para romper el c\u00edrculo vicioso entre pobreza y corrupci\u00f3n.<\/p>\n<p>Diversas voces coinciden en se\u00f1alar que la corrupci\u00f3n se ha convertido en una especie de \u201cLeviat\u00e1n\u201d moderno, capaz de afectar la inversi\u00f3n, el crecimiento econ\u00f3mico y la administraci\u00f3n de justicia. Es decir, compromete los pilares mismos de la gobernabilidad democr\u00e1tica.<\/p>\n<p>Frente a esta realidad, la respuesta de los gobiernos no puede ser la complacencia. Combatir la corrupci\u00f3n exige voluntad pol\u00edtica, transparencia y, sobre todo, firmeza. No puede haber excepciones ni privilegios. La lucha debe alcanzar incluso a los propios colaboradores del poder, sin titubeos ni c\u00e1lculos pol\u00edticos.<\/p>\n<p>Sin embargo, la percepci\u00f3n ciudadana es otra. La impunidad, el padrinazgo y la falta de consecuencias reales han generado una profunda desconfianza hacia las instituciones. Cuando las autoridades encargadas de combatir la corrupci\u00f3n reconocen \u2014de manera expl\u00edcita o impl\u00edcita\u2014 su incapacidad para hacerlo, los ciudadanos quedan en una situaci\u00f3n de indefensi\u00f3n que erosiona la legitimidad del sistema democr\u00e1tico.<\/p>\n<p>As\u00ed, corrupci\u00f3n y pobreza contin\u00faan aliment\u00e1ndose mutuamente en un ciclo perverso que parece no tener fin. La primera concentra riquezas y oportunidades; la segunda limita el acceso a derechos y perpet\u00faa la desigualdad.<\/p>\n<p>La pregunta sigue siendo la misma: \u00bfseguiremos atrapados en este c\u00edrculo o tendremos la voluntad de romperlo? La respuesta no puede seguir posterg\u00e1ndose. Porque mientras la corrupci\u00f3n no sea enfrentada con decisi\u00f3n, la pobreza seguir\u00e1 siendo, inevitablemente, m\u00e1s de lo mismo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lic. Luis Ma. 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