{"id":214248,"date":"2026-03-16T10:53:59","date_gmt":"2026-03-16T14:53:59","guid":{"rendered":"https:\/\/primicias.net\/web\/?p=214248"},"modified":"2026-03-16T10:53:59","modified_gmt":"2026-03-16T14:53:59","slug":"retaliacion-y-judicializacion-politica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primicias.net\/web\/retaliacion-y-judicializacion-politica\/","title":{"rendered":"Retaliaci\u00f3n y Judicializaci\u00f3n Pol\u00edtica"},"content":{"rendered":"<p>Por: <strong>Luia Ma. Ruiz Pou<\/strong><\/p>\n<p>La Rep\u00fablica Dominicana ha exhibido, desde principios de la d\u00e9cada de 1980, un patr\u00f3n recurrente y predecible en su esfera pol\u00edtica: cada transici\u00f3n de gobierno es invariablemente seguida por el inicio de procesos penales contra los funcionarios salientes, particularmente bajo acusaciones de corrupci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este fen\u00f3meno, que en su superficie podr\u00eda interpretarse como un ejercicio de justicia y rendici\u00f3n de cuentas, ha evolucionado hasta convertirse en una pr\u00e1ctica institucionalizada. Los nuevos gobernantes, a menudo provenientes de la oposici\u00f3n, han encontrado en la \u201cretaliaci\u00f3n\u201d y la \u201cvenganza\u201d mecanismos efectivos para la legitimaci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Es crucial, para un an\u00e1lisis riguroso, distinguir entre la retaliaci\u00f3n y la venganza, y el concepto de justicia leg\u00edtima. La retaliaci\u00f3n se define como una respuesta o reacci\u00f3n a una agresi\u00f3n o da\u00f1o, y puede ser considerada legal o justificada seg\u00fan el contexto. La venganza, en contraste, es una acci\u00f3n impulsada por el resentimiento personal. Ambas, sin embargo, conllevan una carga negativa y pueden rozar la ilegalidad o la irracionalidad cuando se instrumentalizan como herramientas de poder.<\/p>\n<p>La justicia leg\u00edtima, por otro lado, se fundamenta en la aplicaci\u00f3n imparcial de la ley, la rendici\u00f3n de cuentas y el fortalecimiento del Estado de derecho. El desaf\u00edo radica en discernir si estas acciones judiciales recurrentes persiguen genuinamente el combate contra la corrupci\u00f3n y la aplicaci\u00f3n de la ley, o si, en cambio, sirven primordialmente como espect\u00e1culos punitivos para obtener ganancias pol\u00edticas y debilitar a los adversarios. \u00bfSer\u00e1 pan y circo?<\/p>\n<p>El patr\u00f3n en nuestro pa\u00eds se ha caracterizado por la elaboraci\u00f3n de expedientes penales contra funcionarios salientes de cada gobierno. Esto se alinea directamente con el concepto de judicializaci\u00f3n de la pol\u00edtica, fen\u00f3meno que describe el creciente papel pol\u00edtico de los sistemas judiciales, especialmente en contextos donde las instituciones representativas tradicionales pueden ver disminuida su legitimidad. El sistema legal se percibe como un espacio de conflicto partidista, donde los procesos legales son instrumentalizados para fines pol\u00edticos.<\/p>\n<p>Esta din\u00e1mica socava fundamentalmente la imparcialidad del poder judicial y su capacidad para funcionar como \u00e1rbitro independiente. Incluso cuando existe corrupci\u00f3n genuina, el historial de los expedientes judiciales contamina la percepci\u00f3n p\u00fablica, impidiendo la consolidaci\u00f3n de instituciones del Estado de derecho robustas y confiables.<\/p>\n<p>Esta pr\u00e1ctica, donde las autoridades buscan acusar a figuras de la oposici\u00f3n, sugiere un esfuerzo deliberado por enmarcar y desacreditar pol\u00edticamente a los adversarios, independientemente de la evidencia concreta. Esto establece un precedente hist\u00f3rico para la instrumentalizaci\u00f3n del sistema de justicia con fines pol\u00edticos, sentando las bases para los ciclos posteriores de \u201cretaliaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>El resultado es una paradoja corrosiva: un pa\u00eds que judicializa la pol\u00edtica termina politizando la justicia. Cuando la toga se usa como insignia partidaria y el expediente como arma, el Estado de derecho deja de ser un contrapeso y se vuelve un escenario. La justicia, reducida a instrumento, pierde autoridad y credibilidad.<\/p>\n<p>Esa maleabilidad del sistema \u2014esa capacidad de torcerse seg\u00fan el viento pol\u00edtico del momento\u2014 incentiva a los gobiernos entrantes a iniciar procesamientos con motivaciones partidistas, sabiendo que los resultados judiciales pueden ser influenciados, revertidos o simplemente olvidados cuando cambie la marea. As\u00ed se erosiona el efecto disuasorio de la ley y se refuerza la idea de que las consecuencias jur\u00eddicas no son firmes, sino negociables.<\/p>\n<p>Mientras ese ciclo no se rompa, cada transici\u00f3n seguir\u00e1 pareci\u00e9ndose menos a un relevo democr\u00e1tico y m\u00e1s a un ritual de ajuste de cuentas. Y en ese vaiv\u00e9n, lo que se erosiona no es solo la confianza p\u00fablica, sino la idea misma de que la ley puede ser un punto fijo en un pa\u00eds acostumbrado a que todo cambie seg\u00fan qui\u00e9n gobierne.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Luia Ma. Ruiz Pou La Rep\u00fablica Dominicana ha exhibido, desde principios de la d\u00e9cada de 1980, un patr\u00f3n recurrente y predecible en su esfera pol\u00edtica: cada transici\u00f3n de gobierno es invariablemente seguida por el inicio de procesos penales contra los funcionarios salientes, particularmente bajo acusaciones de corrupci\u00f3n. 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