{"id":205273,"date":"2025-11-21T18:20:24","date_gmt":"2025-11-21T22:20:24","guid":{"rendered":"https:\/\/primicias.net\/web\/?p=205273"},"modified":"2025-11-21T18:20:24","modified_gmt":"2025-11-21T22:20:24","slug":"epopeya-surrealista-historia-del-desembarco-en-luperon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primicias.net\/web\/epopeya-surrealista-historia-del-desembarco-en-luperon\/","title":{"rendered":"Epopeya surrealista, historia del desembarco en Luper\u00f3n"},"content":{"rendered":"<header class=\"xl:ml-12 xl:pl-1 lg:ml-10 lg:pl-0 md:ml-12 md:pl-1 mb-4 border-b\">\n<div class=\"flex items-center mb-3\">\n<div class=\"flex-1\">\n<div class=\"justify-end\">\n<div class=\"pb-3 byline text-lg text-right\">\n<address class=\"author not-italic mt-3 block\"><a title=\"Jos\u00e9 del Castillo Pichardo - Detalle\" href=\"https:\/\/www.diariolibre.com\/autor\/jose-del-castillo-pichardo\/3369\" rel=\"author\"><strong>Jos\u00e9 del Castillo Pichardo<\/strong><\/a><\/address>\n<div class=\"block\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div id=\"dl_1x1_inread\"><\/div>\n<div id=\"div-gpt-ad-1639578244472-0\"><\/div>\n<h1 class=\"text-2xl text-center mb-6\"><\/h1>\n<div class=\"subtitle text-xl text-center mb-4\">\n<p class=\"mb-2\">\n<\/div>\n<\/header>\n<div class=\"flex flex-wrap -ml-4 -mr-3 relative md:px-3 lg:px-0\">\n<div class=\"w-full md:w-05\/12 sm:w-12\/12\">\n<div class=\"fixed-content\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"w-full xl:w-85\/12 md:w-75\/12 sm:w-full px-4 pb-12\">\n<figure class=\"text-lg\"><figcaption><\/figcaption><\/figure>\n<div id=\"trinityplayer\"><\/div>\n<div class=\"detail-body text-lg\">\n<p>La\u00a0<strong>historia<\/strong>\u00a0del\u00a0<strong>desembarco en Luper\u00f3n<\/strong>\u00a0parece una narraci\u00f3n salida de la f\u00e9rtil imaginaci\u00f3n de Garc\u00eda M\u00e1rquez, un episodio de lo que Alejo Carpentier llam\u00f3 con autoridad literaria \u00ablo real maravilloso\u00bb, antes que un episodio dram\u00e1tico, como lo fue, de la lucha antitrujillista. Como apuntara el presidente guatemalteco Juan Jos\u00e9 Ar\u00e9valo en el pr\u00f3logo del libro\u00a0<em><strong>Desembarco en Luper\u00f3n<\/strong><\/em>\u00a0de Horacio Julio Ornes, \u00absi no fuera porque se sabe que aquellas cosas se verificaron realmente, el argumento entrar\u00eda en el g\u00e9nero de lo fabuloso\u00bb. Una sucesi\u00f3n de eventos azarosos adversos as\u00ed lo evidencia.<\/p>\n<p>El \u00fanico y ef\u00edmero apoyo recibido de la poblaci\u00f3n por los expedicionarios fue fruto de la confusi\u00f3n. Mientras los lugare\u00f1os creyeron que se trataba de un grupo de militares llegados de la capital, tanto las autoridades como la gente com\u00fan prestaron su concurso voluntario al faenar del desembarco. La llegada del primer hidroavi\u00f3n que acuatizaba en la Bah\u00eda de Gracia de Luper\u00f3n se convirti\u00f3 en un verdadero acontecimiento, al grado de provocar la movilizaci\u00f3n masiva hacia el muelle de los tranquilos parroquianos que disfrutaban en el parque al son de la acostumbrada retreta musical dominical. Era como si el hielo llegara a Macondo, llevado por los gitanos y exhibido en sus carpas como m\u00e1gica atracci\u00f3n, tal como sucede en\u00a0<em>Cien A\u00f1os de Soledad<\/em>.<\/p>\n<p>Funcionarios, mujeres, ni\u00f1os y todo tipo de curiosos, vestidos con su mejor ropa de domingo, se trasladaron en romer\u00eda festiva a dar la bienvenida al anfibio (s\u00f3lo falt\u00f3 llevar consigo la banda de m\u00fasica local). \u00abVarios cientos de personas nos vitoreaban desde el peque\u00f1o muelle\u00bb, relata el expedicionario Tulio Arvelo. Unos se lanzaron en yola para aproximarse al aparato y auxiliar a sus ocupantes en la tarea de amarrar un cable para atracarlo en el embarcadero. Tras lo cual, los reci\u00e9n llegados, armas en mano uniformados del emblem\u00e1tico kaki de guardia, salieron del hidroavi\u00f3n con su comandante Horacio Ornes al frente. La segunda operaci\u00f3n de la jornada consisti\u00f3 en descargar el armamento y los pertrechos, labor para la cual las autoridades y los mejor dotados del pueblo arrimaron el hombro.<\/p>\n<div id=\"dl_300x250_inread\"><\/div>\n<div id=\"dl_1x1_inread\"><\/div>\n<p>En el curso de este movimiento Ornes estim\u00f3 prudente, proceder a desarmar a los funcionarios de la localidad. La confusi\u00f3n era tal que, llegado ese momento, el encargado de la dotaci\u00f3n policial de Luper\u00f3n (todav\u00eda portando su arma como \u00abayudante\u00bb del presunto \u00abjefe militar de la capital\u00bb), creyendo que se trataba de una orden emanada de \u00abla superioridad\u00bb, le sugiri\u00f3 a Ornes permitirle buscar al juez de paz para levantar un acta y legalizar la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>El teatro termin\u00f3 cuando Miguelucho Feli\u00fa Arzeno, uno de los veteranos de la frustrada expedici\u00f3n de Cayo Confites y futuro m\u00e1rtir de la de junio del 59, decidi\u00f3 apresar al cabo policial y evidenciar con la acci\u00f3n que se trataba de una invasi\u00f3n. Tras un sonado \u00ab\u00a1Abajo Trujillo!\u00bb pronunciado por Federico \u00abGug\u00fa\u00bb Henr\u00edquez, la estampida de la gente fue may\u00fascula. \u00abMuchos optaron por lanzarse al agua desde los costados del embarcadero\u00bb, afirma rotundo Tulito Arvelo en su relato.<\/p>\n<div id=\"detalle-parrafo\"><\/div>\n<div id=\"dl_300x250_inread_2\"><\/div>\n<p>Un raso del ej\u00e9rcito vestido de paisano, quien se hallaba franco de visita en el poblado, al percatarse de que se trataba de gente \u00abvirada\u00bb, se escurri\u00f3 en busca de un fusil que emplear\u00eda luego como francotirador. Al parecer pudo herir m\u00e1s tarde en el poblado al costarricense Alfonso Leyton<em>.<\/em>\u00a0Esta acci\u00f3n le ganar\u00eda la condici\u00f3n de h\u00e9roe al raso Leopoldo Puente Rodr\u00edguez, promovido a primer teniente por Trujillo mismo.<\/p>\n<p>Pero las primeras dos bajas sufridas por los expedicionarios se las ocasionaron ellos mismos al intercambiar disparos en un confuso incidente. Sucedi\u00f3 cuando el ingeniero Hugo Kunhardt \u2013quien se encaminaba hacia el edificio de Correos y Tel\u00e9grafo en medio de la noche-, ante una voz que le daba un alto y medio cegato como era, crey\u00f3 ver a un soldado enemigo en la silueta de su compa\u00f1ero nicarag\u00fcense Alberto Ram\u00edrez y le solt\u00f3 una r\u00e1faga con su subametralladora Reising, perfor\u00e1ndole mortalmente los intestinos con cuatro impactos. Este, a su vez, antes de caer abatido, dispar\u00f3 tambi\u00e9n alcanzando a Kunhardt.<\/p>\n<div id=\"dl_300x250_inread_3\"><\/div>\n<p>De este modo, aun sin trabar combate con el enemigo, ya la fuerza del\u00a0<strong>Ej\u00e9rcito de Liberaci\u00f3n<\/strong>\u00a0perd\u00eda a dos de sus hombres e inutilizaba a un tercero, el cuasi m\u00e9dico Salvador Reyes Vald\u00e9s, a cargo de la secci\u00f3n de enfermer\u00eda, quien debi\u00f3 atender al herido, representando as\u00ed este primer episodio una baja gravosa de la cuarta parte del peque\u00f1o contingente.<\/p>\n<p>Mientras Horacio Julio Ornes fijaba su puesto de comando en una explanada equidistante entre el hidroavi\u00f3n Catalina -que todav\u00eda descargaba por cuenta de Tulio Arvelo y su grupo- y el centro del pueblo de Luper\u00f3n, una vanguardia dirigida por Gug\u00fa Henr\u00edquez fue enviada al poblado a asegurar los puntos estrat\u00e9gicos. All\u00ed fue lanzada una granada de mano en el parque, hiriendo levemente al director de la academia de m\u00fasica, Emilio Rosario. Ocasi\u00f3n que aprovech\u00f3 su hermano, encargado de la planta el\u00e9ctrica local, para cortar la luz del alumbrado p\u00fablico y dejar a oscuras a la comunidad. El tableteo de las ametralladoras indicaba que los fieles trujillistas ofrec\u00edan resistencia a los as\u00ed llamados \u00absediciosos\u00bb por la prensa.<\/p>\n<div id=\"dl_300x250_inread_4\"><\/div>\n<p>Aunque Ornes afirma en su memorial sobre estos hechos que el grupo logr\u00f3 sofocar la resistencia y dominar la situaci\u00f3n, lo cierto es que pronto se repleg\u00f3 hacia el muelle, informando Gug\u00fa Henr\u00edquez \u00abque con tan pocos hombres era imposible consolidar y sostener la posici\u00f3n\u00bb. Herido en el intento, Alfonso Leyton hab\u00eda sido dejado por muerto en el pueblo. Sin embargo, reapareci\u00f3 entre las sombras y se sum\u00f3 al grupo, que deliberaba en ese momento la posibilidad de abortar la operaci\u00f3n y reembarcarse en el hidroavi\u00f3n para escapar de una segura y mortal cacer\u00eda a cargo de las fuerzas regulares.<\/p>\n<p>En la l\u00f3gica de Ornes y sus compa\u00f1eros pesaban varios factores. La gente del Frente Interno de Puerto Plata no se hab\u00eda presentado para hacer contacto, recibir las armas y engrosar la fuerza insurgente. No se ten\u00edan noticias de que el resto de la expedici\u00f3n, que contaba con el contingente mayor, hubiese tocado tierra dominicana. El guardacostas que prestaba servicio en el litoral Norte estaba supuesto a llegar al embarcadero de Luper\u00f3n a las 9 de la noche, con lo cual se cerrar\u00edan las oportunidades de elevar vuelo en el hidroavi\u00f3n. Se expon\u00edan, adem\u00e1s, a un bombardeo a\u00e9reo\u00a0<em>in situ<\/em>, ya que hab\u00eda transcurrido tiempo suficiente para comunicar lo sucedido a los centros de mando del pa\u00eds. Finalmente, estaban los dos heridos (Kunhardt y Leyton), quienes tendr\u00edan chance de ser operados si lograban llegar a un lugar con facilidades quir\u00fargicas hospitalarias.<\/p>\n<p>La decisi\u00f3n se tom\u00f3. Abortar y tratar de alcanzar Santiago de Cuba, o en su defecto, por limitaciones de combustible, llegar a alg\u00fan punto en el Norte de Hait\u00ed. Hab\u00eda que aligerar el peso, dejando armas y pertrechos en tierra. Iniciadas las maniobras para el despegue acu\u00e1tico el piloto cometi\u00f3 un error garrafal: equivoc\u00f3 el lado en que deb\u00eda tomar el canal de salida de la bah\u00eda, siguiendo una pauta err\u00f3nea deliberada dada por un lugare\u00f1o. El avi\u00f3n encall\u00f3 en un banco de arena al acelerar los motores. Pese a los esfuerzos por destrabar la nave, con los hombres tirados al agua haciendo todos a una, el hidroavi\u00f3n no cedi\u00f3 un mil\u00edmetro de su apoyadero.<\/p>\n<p>Una alternativa era esperar que la marea subiera y ayudara en la faena. Pero ante la inminente llegada del guardacostas de la Marina de Guerra Dominicana, se opt\u00f3 por abandonar el avi\u00f3n y ganar tierra, corriendo la suerte que acompa\u00f1a al desamparado por los dioses. En esas estaban los expedicionarios cuando hizo su aparici\u00f3n un avi\u00f3n Grumman que los enfoc\u00f3 y realiz\u00f3 vuelos rasantes, alej\u00e1ndose sin disparar, que al parecer de Ornes era una nave de la embajada americana en Hait\u00ed. Momentos despu\u00e9s, con una parte de la gente fuera y los heridos y el enfermero todav\u00eda en el hidroavi\u00f3n, lleg\u00f3 el guardacostas dominicano y coloc\u00f3 sus reflectores sobre el Catalina. Acto seguido dispar\u00f3 con su antia\u00e9rea provocando la explosi\u00f3n de los tanques de combustible y con ello la carbonizaci\u00f3n de sus ocupantes. Un espect\u00e1culo doloroso que, desde la orilla, Ornes y sus hombres contemplaron impotentes.<\/p>\n<p>Lo que sigui\u00f3 fue un estremecimiento de bengalas y ametrallamiento desde el guardacostas, respaldado por una fragata de la MGD que permanec\u00eda m\u00e1s distante fuera de la bah\u00eda por razones de calado, en direcci\u00f3n a la costa donde se presum\u00eda estaba el grupo de los \u00absediciosos\u00bb. Y el inicio de la lucha por sobrevivir en el monte, en terreno hostil, con la persecuci\u00f3n mordi\u00e9ndole los talones a los expedicionarios en fuga. Literal y realmente mordiendo, ya que Trujillo contrat\u00f3 los servicios especializados de los perros sabuesos del entrenador norteamericano Lewis Proudfoot, para rastrear y cazar a los sobrevivientes del desdichado desembarco libertario.<\/p>\n<p>Duke y Tojo \u2013as\u00ed se llamaban los canes- al parecer fueron efectivos en la persecuci\u00f3n de Gug\u00fa Henr\u00edquez y Manuel Calder\u00f3n Salcedo, capturados juntos, y en la ubicaci\u00f3n del nicarag\u00fcense Alejandro Selva y los tres tripulantes norteamericanos, seg\u00fan admite Ornes al analizar un reportaje realizado a Proudfoot en una revista americana. Quien c\u00ednicamente declar\u00f3, ante una pregunta acerca de la suerte que tuvieron en su destino los perseguidos: \u00abNo s\u00e9 qu\u00e9 les ocurri\u00f3 despu\u00e9s que fueron hechos prisioneros, pero me sorprender\u00eda saber que murieron de vejez\u00bb.<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s, en la\u00a0<strong>historia<\/strong>\u00a0de la lucha del pueblo dominicano por conquistar su libertad y el derecho a vivir en democracia y paz, se impuso la traici\u00f3n mercurial a cargo de asesores republicanos contratados por el tenaz Juancito Rodr\u00edguez para retomar la iniciativa tras fracasar Cayo Confites en el 47. Dos aviones que debieron partir desde Guatemala fueron raptados por sus pilotos y escaparon hacia M\u00e9xico, siguiendo planes de sabotaje. Otro, abordo el general Rodr\u00edguez, debi\u00f3 aterrizar de emergencia debido a una tormenta. \u00a0Un cuarto, al frente Ram\u00edrez Alc\u00e1ntara, fue apresado en el aer\u00f3dromo de Cozumel al repostar combustible.<\/p>\n<p>Joaqu\u00edn Balaguer, embajador en M\u00e9xico, se graduaba en las grandes ligas de las operaciones de alta inteligencia. Y su vuelo apenas empezaba.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 del Castillo Pichardo &nbsp; La\u00a0historia\u00a0del\u00a0desembarco en Luper\u00f3n\u00a0parece una narraci\u00f3n salida de la f\u00e9rtil imaginaci\u00f3n de Garc\u00eda M\u00e1rquez, un episodio de lo que Alejo Carpentier llam\u00f3 con autoridad literaria \u00ablo real maravilloso\u00bb, antes que un episodio dram\u00e1tico, como lo fue, de la lucha antitrujillista. 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