{"id":197587,"date":"2025-08-16T13:37:34","date_gmt":"2025-08-16T17:37:34","guid":{"rendered":"https:\/\/primicias.net\/web\/?p=197587"},"modified":"2025-08-16T13:37:34","modified_gmt":"2025-08-16T17:37:34","slug":"el-asfalto-caliente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primicias.net\/web\/el-asfalto-caliente\/","title":{"rendered":"EL ASFALTO CALIENTE"},"content":{"rendered":"<p><em>Por J. Osiris Mota<\/em><\/p>\n<p>Si apenas tengo ocho horas para ganarme el pan, y dos se evaporan en el infierno de los tranques y el caos de las calles, \u00bfc\u00f3mo se supone que uno avance sin llegar a viejo siendo un pobre enfermo, arrastrando frustraciones como cadenas invisibles?<\/p>\n<p>El hoy es lo \u00fanico que tengo. Pero, \u00bfcu\u00e1nto de mi vida se ha ido ya en esperas in\u00fatiles, en gritos atrapados entre bocinazos, en la rabia por culpas que no son m\u00edas?<\/p>\n<p><strong>\u00a1Maldito tr\u00e1nsito!<\/strong><\/p>\n<p>La ciudad es un campo de guerra a la hora pico. El caos no es solo cotidiano: es catastr\u00f3fico. Todos queremos llegar a tiempo. Todos tenemos prisa. Pero en esa urgencia, la cordura se disuelve como el asfalto derretido. Las calles se transforman en una batalla sin tregua. Muere la paciencia. Se extingue la decencia. Y la empat\u00eda&#8230; se ahoga bajo un mar de bocinas.<\/p>\n<p>Francisco manejaba una guagua de la OMSA, subiendo por la M\u00e1ximo G\u00f3mez rumbo norte. El sudor le bajaba por la espalda. Estaba tenso, molesto, con los nervios en carne viva. Tocaba bocina como si fuera metralla. Frenaba, arrancaba, maldec\u00eda por lo bajo. Los pasajeros murmuraban, se quejaban en voz alta, algunos discut\u00edan entre s\u00ed. El calor y el estr\u00e9s apretaban como una soga.<\/p>\n<p>Aquel d\u00eda, un apag\u00f3n temprano dej\u00f3 fuera de servicio los sem\u00e1foros. El sol del Caribe no ten\u00eda compasi\u00f3n: ca\u00eda a plomo sobre una ciudad sofocada. El polvo del Sahara flotaba en el aire como presagio de tragedia. La inflaci\u00f3n mord\u00eda los bolsillos. Y el cansancio, la rabia y la impotencia herv\u00edan en el ambiente.<\/p>\n<p><strong>\u00bfC\u00f3mo se puede vivir as\u00ed sin volverse loco?<\/strong><\/p>\n<p>Un agente de la AMET, empapado en sudor y con el uniforme pegado al cuerpo, trataba de imponer orden entre el desorden general. Parec\u00eda una figura tr\u00e1gica: solo, peque\u00f1o, enfrentado a una avalancha de veh\u00edculos, de ira y de impunidad. Los motoconchistas y taxistas, muchos sin licencia ni conciencia, hac\u00edan lo que les daba la gana. La ley era un chiste contado en bocinazos.<\/p>\n<p>En la intersecci\u00f3n de la G\u00f3mez con la 27 de Febrero, el caos era total. El sem\u00e1foro apagado. Tres carriles convertidos en cinco. El calor del asfalto sub\u00eda como un vapor maldito. El ruido era ensordecedor: motores, gritos, radios, insultos, m\u00fasica, m\u00e1s gritos.<\/p>\n<p>Y de pronto, entre todo eso, se escuch\u00f3 una sirena. Una ambulancia, desesperada, intentaba abrirse paso de oeste a este por la 27. Pero nadie se apartaba. Nadie ced\u00eda. Todos quer\u00edan pasar primero. Todos ten\u00edan prisa. La ambulancia, como un n\u00e1ufrago en mar de acero y ego\u00edsmo, avanzaba a duras penas.<\/p>\n<p><strong>\u00bfLlevaba un herido? \u00bfUn moribundo? Un muerto, quiz\u00e1s. \u00bfY qu\u00e9? A nadie parec\u00eda importarle. La solidaridad muere cuando el dolor es ajeno.<\/strong><\/p>\n<p>Francisco estaba al borde. Llevaba cinco horas atrapado. Solo quer\u00eda llegar al cementerio frente a la G\u00f3mez, donde lo esperaba el relevo. La guagua era un horno humano. El ambiente, una mezcla de rabia y calor. No escuchaba. No pensaba. Solo repet\u00eda en su cabeza aquella llamada que recibi\u00f3 minutos antes:<\/p>\n<p>\u2014<em>Ven urgente al hospital de traumatolog\u00eda. Un motorista choc\u00f3 a Frank. Lo van a trasladar all\u00e1.<\/em><\/p>\n<p>Su hijo.\u00a0<strong>Frank.<\/strong><br \/>\nNada m\u00e1s importaba.<br \/>\nNada m\u00e1s exist\u00eda.<\/p>\n<p>El agente le hizo una se\u00f1al de \u201cpare\u201d. Pero \u00bfqui\u00e9n respeta eso ya? \u00bfQui\u00e9n obedece sin que se le planten en frente con firmeza?<br \/>\nFrancisco aceler\u00f3. No pens\u00f3. No midi\u00f3. No vio.<br \/>\nEl autob\u00fas roz\u00f3 la parte trasera de la ambulancia.<br \/>\nUn peque\u00f1o toque\u2026<br \/>\nUn peque\u00f1o error\u2026<br \/>\nUn infierno desatado.<\/p>\n<p>La ambulancia perdi\u00f3 el control. Se desvi\u00f3 violentamente. Impact\u00f3 contra la acera. El golpe fue brutal. El mundo se detuvo por unos segundos infinitos.<\/p>\n<p>Los gritos de los pasajeros rompieron su trance. Pero ya era tarde para lamentarse. No mir\u00f3 atr\u00e1s. No pod\u00eda. Ten\u00eda el alma congelada. Solo pensaba en Frank.<\/p>\n<p>Llam\u00f3 a su supervisor. Pidi\u00f3 relevo. No pod\u00edan hacer mucho desde la base, pero le prometieron enviar a alguien.<\/p>\n<p>Francisco hab\u00eda visto decenas de accidentes. Motoristas que se le estrellaban sin que eso le moviera una ceja.<br \/>\nPero esta vez era distinto.<br \/>\nEsta vez dol\u00eda.<br \/>\n<strong>Porque esta vez era suyo.<\/strong><\/p>\n<p>Como duele a tantas madres, a tantos padres, que cada d\u00eda pierden a sus hijos por imprudencias, por abandono, por sistemas rotos, por gobiernos indiferentes.<\/p>\n<p>Frente al cementerio, lo esperaba su sustituto. Entreg\u00f3 la guagua como quien entrega un peso muerto. Ni mir\u00f3 a los pasajeros. Solo sali\u00f3. Como huyendo de una escena que todav\u00eda no entend\u00eda.<\/p>\n<p>Tom\u00f3 un motoconcho. Iba en silencio. El coraz\u00f3n le retumbaba en el pecho como tambora en fiesta de palo. La ansiedad le nublaba la vista. Apuraba al motorista. Cada minuto era un suplicio. Cada sem\u00e1foro, una sentencia.<\/p>\n<p>El calor era insoportable. El sudor se mezclaba con l\u00e1grimas que a\u00fan no se reconoc\u00edan como tales.<\/p>\n<p>Finalmente, llegaron. El hospital Dar\u00edo Contreras.<br \/>\nNunca unos minutos se sintieron tan largos.<\/p>\n<p>Le entreg\u00f3 $200 al motorista. Este reclam\u00f3 $500.<br \/>\nNo escuch\u00f3.<br \/>\nYa hab\u00eda visto a Mar\u00eda.<\/p>\n<p><strong>Su esposa.<\/strong><br \/>\n<strong>La madre de Frank.<\/strong><\/p>\n<p>Ella caminaba en c\u00edrculos frente a la emergencia. Descompuesta. Al borde de un colapso.<\/p>\n<p>Francisco la abraz\u00f3. Le temblaban las piernas.<\/p>\n<p>\u2014<em>\u00bfQu\u00e9 pas\u00f3, Mar\u00eda? \u00bfQu\u00e9 pas\u00f3? \u00a1Dime qu\u00e9 pas\u00f3!<\/em><\/p>\n<p>La voz de ella era un susurro que se romp\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014<em>Lleg\u00f3 sin vida, Francisco\u2026 nuestro Frank lleg\u00f3 sin vida\u2026 \u00a1Nuestro ni\u00f1o!&#8230; Me quiero morir\u2026<\/em><\/p>\n<p>\u2014<em>\u00a1\u00bfC\u00f3mo que sin vida?! \u00bfC\u00f3mo?!<\/em>\u00a0\u2014grit\u00f3 Francisco, cayendo de rodillas, mientras el sudor y las l\u00e1grimas se confund\u00edan en su rostro.<br \/>\nEl mundo giraba.<br \/>\nPero sin sentido.<\/p>\n<p>\u2014<em>Primero lo atropell\u00f3 un delivery&#8230; en la acera, Francisco. \u00a1En la acera! Y la ambulancia lleg\u00f3 tarde. Y luego\u2026 luego choc\u00f3 con una OMSA en la G\u00f3mez\u2026<\/em><\/p>\n<p>\u2014<em>\u00a1Dios m\u00edo! \u00bfPor qu\u00e9 permites esto?!<\/em><\/p>\n<p>Francisco temblaba. Las piezas encajaban.<br \/>\n\u00c9l era la OMSA.<br \/>\n\u00c9l\u2026 hab\u00eda cerrado el ciclo.<br \/>\nLa tragedia ten\u00eda su nombre.<br \/>\nY el sistema\u2026<br \/>\nEl sistema ten\u00eda su sangre en las manos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8212;<\/p>\n<ol>\n<li><strong> Osiris Mota<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por J. Osiris Mota Si apenas tengo ocho horas para ganarme el pan, y dos se evaporan en el infierno de los tranques y el caos de las calles, \u00bfc\u00f3mo se supone que uno avance sin llegar a viejo siendo un pobre enfermo, arrastrando frustraciones como cadenas invisibles? 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