{"id":180925,"date":"2025-01-25T18:55:12","date_gmt":"2025-01-25T22:55:12","guid":{"rendered":"https:\/\/primicias.net\/web\/?p=180925"},"modified":"2025-01-25T18:55:12","modified_gmt":"2025-01-25T22:55:12","slug":"el-camino-del-bien","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primicias.net\/web\/el-camino-del-bien\/","title":{"rendered":"El Camino del Bien"},"content":{"rendered":"<p style=\"font-weight: 400;\"><strong>Por Milton Olivo<\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Hab\u00eda una vez, en un rinc\u00f3n olvidado de una isla ubicada en el mismo trayecto del sol, un hombre llamado Juan. Juan era conocido en su pueblo por ser una persona que, aunque no malvada, no era precisamente buena. Sus acciones se mov\u00edan entre el gris y el blanco, entre lo correcto y lo incorrecto. No es que fuera cruel ni despiadado, pero en su vida cotidiana tomaba decisiones basadas en la comodidad, la conveniencia y lo que le beneficiaba sin pensar demasiado en el bienestar de los dem\u00e1s y mucho menos de su patria.<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-180926\" src=\"https:\/\/primicias.net\/web\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/image-2025-01-25T185333.247-225x300.png\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/primicias.net\/web\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/image-2025-01-25T185333.247-225x300.png 225w, https:\/\/primicias.net\/web\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/image-2025-01-25T185333.247-768x1024.png 768w, https:\/\/primicias.net\/web\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/image-2025-01-25T185333.247-1152x1536.png 1152w, https:\/\/primicias.net\/web\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/image-2025-01-25T185333.247-1536x2048.png 1536w, https:\/\/primicias.net\/web\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/image-2025-01-25T185333.247.png 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 225px) 100vw, 225px\" \/><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Un d\u00eda, sentado en la sombra de un \u00e1rbol, en la Avenida Juan Pablo Duarte, Juan escuch\u00f3 una conversaci\u00f3n que cambiar\u00eda su vida para siempre. Un anciano sabio de Santo Domingo Este, \u00a0estaba hablando con su joven nieto. El anciano dec\u00eda: \u00abSi las malas personas supieran lo conveniente que es ser bueno, lo ser\u00edan por pura conveniencia.\u00bb<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Juan, intrigado, se acerc\u00f3 un poco m\u00e1s para escuchar mejor. El anciano continu\u00f3: \u00ab\u00bfQu\u00e9 significa ser bueno, preguntar\u00e1s? Ser bueno es vivir con el coraz\u00f3n lleno de amor. Y el amor, se manifiesta en la solidaridad, en la honestidad, en la bondad, en la justicia, en la verdad, en la amabilidad, en la compasi\u00f3n, en cumplir con lo que uno debe hacer y en ser siempre justo con los dem\u00e1s. Y si Dios es amor, ser bueno es seguir los caminos de Dios.\u00bb<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Las palabras del anciano resonaron profundamente en el coraz\u00f3n de Juan. \u00bfSer bueno por conveniencia? \u00bfQu\u00e9 significaba eso realmente?<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">A lo largo de los d\u00edas, Juan comenz\u00f3 a reflexionar sobre lo que hab\u00eda escuchado. No pod\u00eda dejar de pensar en c\u00f3mo sus decisiones, aunque no malvadas, estaban lejos de ser buenas. Hizo un esfuerzo consciente por aplicar cada una de las virtudes que el anciano hab\u00eda mencionado en su vida diaria. Ayud\u00f3 a los m\u00e1s necesitados, fue m\u00e1s honesto con su familia y amigos, comenz\u00f3 a cuidar de su pueblo y, sobre todo, empez\u00f3 a buscar la verdad y la justicia, aunque a veces le resultaba dif\u00edcil.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Un d\u00eda, mientras caminaba por el pueblo, vio un grupo de personas debatiendo acaloradamente. Parec\u00eda que se estaban peleando por un terreno que nadie estaba dispuesto a compartir. Juan se acerc\u00f3 y, sin pensarlo dos veces, les dijo: \u00abSi realmente amamos este lugar, debemos ser justos, debemos compartir, debemos pensar en el bien com\u00fan antes que en el inter\u00e9s propio.\u00bb<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">El pueblo se detuvo. Las personas miraron a Juan, sorprendidas. Y algo extra\u00f1o ocurri\u00f3: empezaron a calmarse, a reflexionar sobre lo que \u00e9l hab\u00eda dicho. De repente, la disputa se desvaneci\u00f3, como si todos se hubieran dado cuenta de que el camino del bien era el \u00fanico que realmente conduc\u00eda a la paz.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Poco a poco, la vida de Juan fue cambiando. Se dio cuenta de que ser bueno no solo le tra\u00eda satisfacci\u00f3n personal, sino que tambi\u00e9n transformaba a las personas a su alrededor. Y no solo eso, sino que comprendi\u00f3 que ser bueno no era algo opcional, era una responsabilidad. No era cuesti\u00f3n de conveniencia, sino de hacer lo correcto por el bien de todos.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Un d\u00eda, mientras hablaba con un viejo amigo que hab\u00eda regresado al pueblo despu\u00e9s de muchos a\u00f1os, Juan reflexion\u00f3 sobre el concepto de ser dominicano. \u00abSer dominicano no es solo tener una c\u00e9dula de identidad,\u00bb dijo. \u00abEs vivir seg\u00fan los principios de la dominicanidad; DIOS, PATRIA Y LIBERTAD. Que es actuar siempre seg\u00fan el mandato de \u00a0Dios, con acciones que sirvan a la patria y siempre en defensa de la libertad. Es ser un ejemplo de bondad, de justicia, de solidaridad.\u00bb Y ojo, es el \u00fanico camino para hacer realidad una Quisqueya potencia.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">El amigo, al escuchar sus palabras, le pregunt\u00f3 con curiosidad: \u00abPero Juan, \u00bfc\u00f3mo podemos hacer realidad una Quisqueya potencia? \u00bfC\u00f3mo podemos erradicar la pobreza y el desempleo?\u00bbJuan sonri\u00f3 y le respondi\u00f3: \u00abLo primero que debemos hacer es transformar nuestros corazones. Si cada uno de nosotros busca a Dios, si cada uno de nosotros decide seguir el camino del bien, todo lo dem\u00e1s se ir\u00e1 dando. La vida es una lucha constante entre el bien y el mal, pero si buscamos la gu\u00eda de Dios, nuestra tendencia ser\u00e1 siempre a elegir el camino del bien.\u00bb<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Y as\u00ed, Juan aprendi\u00f3 que ser bueno no era solo un camino moral, sino tambi\u00e9n una forma de construir una sociedad m\u00e1s justa, m\u00e1s unida, m\u00e1s fuerte. Y en ese proceso, \u00e9l tambi\u00e9n se transform\u00f3 en alguien mejor, alguien que, sin pretenderlo, inspiraba a otros a ser mejores.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La historia de Juan es un recordatorio de que, aunque la vida est\u00e9 llena de desaf\u00edos, siempre podemos elegir el camino del bien. Y en ese camino, encontramos no solo la paz interior, sino tambi\u00e9n la fuerza para transformar el mundo que nos rodea. Porque, como bien dijo el anciano, ser bueno es lo m\u00e1s conveniente, no solo para uno mismo, sino para todos.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">En memoria de nuestro padre de la patria, Juan Pablo Duarte.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong>El autor es escritor y activista por una Quisqueya potencia.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Milton Olivo \u00a0 Hab\u00eda una vez, en un rinc\u00f3n olvidado de una isla ubicada en el mismo trayecto del sol, un hombre llamado Juan. Juan era conocido en su pueblo por ser una persona que, aunque no malvada, no era precisamente buena. 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