{"id":176837,"date":"2024-11-14T20:25:12","date_gmt":"2024-11-15T00:25:12","guid":{"rendered":"https:\/\/primicias.net\/web\/?p=176837"},"modified":"2024-11-14T20:25:12","modified_gmt":"2024-11-15T00:25:12","slug":"la-abuela-nini","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primicias.net\/web\/la-abuela-nini\/","title":{"rendered":"La Abuela Nin\u00ed"},"content":{"rendered":"<p>Por Rafael C\u00e9spedes Morillo<\/p>\n<p>Atardecer&#8230;<br \/>\nLas nubes parec\u00edan danzar. Era f\u00e1cil creer que hab\u00edan ensayado, pues sus movimientos eran armoniosos, lentos, casi al comp\u00e1s de una m\u00fasica que no se escuchaba. Eran grises y semejantes, pero pocas y notablemente inquietas. El azul del cielo las hac\u00eda destacar, y las ramas de los verdes \u00e1rboles parec\u00edan aplaudir sus silenciosos movimientos. No eran desconocidas; eran las mismas nubes de siempre, aunque esta vez con una gracia especial, como si cambiaran de vestido cada tarde, dej\u00e1ndose llevar por la brisa.<br \/>\nLucrecia, extasiada por el espect\u00e1culo, sonre\u00eda, inmersa en el disfrute, ajena a cualquier otra cosa. Ni siquiera escuch\u00f3 cuando Hero\u00edna, su abuela, a quien todos llamaban Nin\u00ed, la llamaba con insistencia. \u2014\u00a1Lucrecia, Lucrecia! \u00bfD\u00f3nde est\u00e1s? \u00a1Ven, hay que recoger la ropa antes de que llueva! Cuando finalmente escuch\u00f3 el llamado, Lucrecia volvi\u00f3 a la realidad y pens\u00f3 para sus adentros: \u00abLa abuela est\u00e1 pasada, ni siquiera est\u00e1 nublado.\u00bb Sin darse cuenta, murmur\u00f3 esta \u00faltima frase mientras llegaba junto a Nin\u00ed, quien la oy\u00f3 y replic\u00f3: \u2014Los muchachos de ahora no entienden&#8230; pero esc\u00fachame a m\u00ed: mis rodillas nunca me han mentido, y el aguacero que viene ser\u00e1 grande, ya ver\u00e1s. Es que siempre es tan fuerte como el dolor en mis rodillas. La obediente nieta asinti\u00f3 y se dispuso a realizar la tarea, aunque segu\u00eda convencida de que no hab\u00eda condiciones para la lluvia. Sin embargo, no pod\u00eda negarse y, aparentando buena voluntad, sali\u00f3 a recoger la ropa tendida en el alambre que bordeaba la casa. A medida que lo hac\u00eda, comenz\u00f3 a sentir las primeras gotas de lluvia. Asombrada, pero sonriendo, se dijo a s\u00ed misma: \u00ab\u00bfC\u00f3mo es que estos viejos saben cu\u00e1ndo llover\u00e1 antes de que el cielo se nuble?\u00bb Y se apresur\u00f3 a completar la tarea antes de que la lluvia la empapara a ella y a las ropas. Las gallinas empezaban a subir a la mata de hig\u00fcero que les serv\u00eda de dormitorio. Algunas se cobijaban en los aleros de la casa, esperando su turno, como si respetaran un orden jer\u00e1rquico. El gallo, al llegar, ech\u00f3 un vistazo y vol\u00f3 a su rama preferida. Una de sus compa\u00f1eras, ya instalada, se corri\u00f3 unos cent\u00edmetros para hacerle sitio y evitar alg\u00fan picotazo. As\u00ed se manejaba el gallinero de Cundo y Nin\u00ed: hab\u00eda orden y jerarqu\u00eda, como en la casa, donde Cundo mandaba y Nin\u00ed obedec\u00eda. Ella cuidaba de su marido y de la casa, y juntos hab\u00edan criado a nueve hijos, todos ya lejos, en la ciudad. Solo les quedaba esa nieta que ahora los acompa\u00f1aba y les ayudaba en las labores diarias.<br \/>\n\u2014Lucrecia, ve al camino y mira a ver si Cundo ya viene. Pasan de las seis, y \u00e9l nunca llega tan tarde. Aunque Lucrecia obedeci\u00f3, en su coraz\u00f3n sab\u00eda que su abuelo estaba en camino. Lo mismo ocurr\u00eda todos los d\u00edas, y as\u00ed fue: a lo lejos, divis\u00f3 la figura diminuta que parec\u00eda crecer aunque lo que pasaba es que el abuelo venia acerc\u00e1ndose.<br \/>\n\u2014S\u00ed, abuela, ya viene el abuelo.<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-176838\" src=\"https:\/\/primicias.net\/web\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/PHOTO-2024-11-11-13-37-00-261x300.jpg\" alt=\"\" width=\"261\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/primicias.net\/web\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/PHOTO-2024-11-11-13-37-00-261x300.jpg 261w, https:\/\/primicias.net\/web\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/PHOTO-2024-11-11-13-37-00-768x884.jpg 768w, https:\/\/primicias.net\/web\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/PHOTO-2024-11-11-13-37-00.jpg 838w\" sizes=\"auto, (max-width: 261px) 100vw, 261px\" \/><br \/>\n\u2014Pues ve a la cocina y atiza el fog\u00f3n para calentarle la comida. En unos minutos ir\u00e9 yo.<br \/>\nCundo lleg\u00f3 como siempre, guard\u00f3 sus herramientas, tom\u00f3 un jarrito y, con agua de la tinaja, se lav\u00f3 la cara y las manos. Al terminar, mir\u00f3 a su alrededor y pregunt\u00f3:<br \/>\n\u2014\u00bfY d\u00f3nde est\u00e1 Boca Negra, que no vino a recibirme? \u00a1Ese perro tan fiel, qu\u00e9 raro!<br \/>\n\u2014Abuelo, desde esta ma\u00f1ana est\u00e1 en el alero de la cocina, ni ha comido. Parece que est\u00e1 enfermo. Su cara de alegr\u00eda ha desaparecido y ahora se le ve triste, como si llevara una pesada carga en sus hombros.<br \/>\nCundo se acerc\u00f3 al perro, quien lo mir\u00f3 con ojos h\u00famedos y apenas levant\u00f3 la cabeza. Al comprender que su fiel amigo estaba muy mal, le prepar\u00f3 un purgante y, con esfuerzo, logr\u00f3 que se lo tomara. Luego lo cubri\u00f3 con un viejo saco y se march\u00f3 con el coraz\u00f3n apesadumbrado. Nin\u00ed vino a avisarle que la cena estaba lista, y los tres se sentaron a la mesa. La escena, la misma cada d\u00eda, parec\u00eda una estampa congelada en el tiempo: los mismos lugares, los mismos platos y los mismos jarritos con agua de lluvia, recogida en grandes recipientes bajo el alero.<br \/>\n\u2014Ma\u00f1ana no ir\u00e9 temprano al conuco. Seguramente Boca Negra habr\u00e1 muerto, y debo darle entierro. No puedo permitir que otros animales se lo coman. Merece un buen entierro.<br \/>\n\u2014Pero lo vi bebiendo el purgante que le diste. Quiz\u00e1 se recupere \u2014respondi\u00f3 Nin\u00ed.<br \/>\n\u2014No creo. Lo vi muy mal. Creo que hemos perdido a Boca Negra.<br \/>\nAl d\u00eda siguiente, como siempre, un rayo de sol entr\u00f3 sin permiso en la habitaci\u00f3n y Cundo murmur\u00f3: \u00abAqu\u00ed est\u00e1 este, alumbrando y molestando para invitarnos a trabajar.\u00bb<br \/>\n\u2014Nin\u00ed, ve y cuela el caf\u00e9. Hoy tengo una siembra importante. Los compadres van al conuco y haremos un convite para sembrar yuca.<br \/>\nCuando Cundo sali\u00f3 del rancho, lo primero que hizo fue buscar a su perro. Boca Negra, al verlo, este comenz\u00f3 a mover la cola con entusiasmo. Cundo sonri\u00f3 y se lanz\u00f3 al suelo a acariciarlo. Su amigo hab\u00eda vomitado algo oscuro y profuso durante la noche, pero ahora parec\u00eda estar mejor. Aliviado, le dio un poco de agua y comida.<br \/>\n\u2014Qu\u00e9 bueno, Boca Negra, que te quedaste conmigo \u2014le dijo, mientras el perro se acomodaba para descansar.<br \/>\nCundo se sent\u00f3 a la mesa y tom\u00f3 su caf\u00e9, preparado como a \u00e9l le gustaba.<br \/>\n\u2014\u00a1Mujer, este caf\u00e9 est\u00e1 medio amargo! Ponle m\u00e1s az\u00facar.<br \/>\nLuego de un par de sorbos, a\u00f1adi\u00f3: \u2014Ahora est\u00e1 muy dulce. Ponme un poco m\u00e1s de caf\u00e9.<br \/>\nNin\u00ed sonri\u00f3 y le sigui\u00f3 el juego sin decir nada, mientras Lucrecia re\u00eda en silencio, sabiendo tambi\u00e9n el truco de su abuelo para seguir tomando caf\u00e9.<br \/>\n\u2014Me voy al conuco \u2014anunci\u00f3 Cundo\u2014. Hoy somos siete, as\u00ed que trae comida abundante.<br \/>\nNin\u00ed asinti\u00f3, y Cundo, despu\u00e9s de lanzarle un \u00faltimo vistazo a Boca Negra, parti\u00f3 hacia el conuco, el lugar que le daba vida. Nin\u00ed lo mir\u00f3 alejarse, como si fuera la \u00faltima vez. No importaba si llov\u00eda o hac\u00eda sol, siempre lo miraba con nostalgia.<br \/>\n\u2014Un d\u00eda como ayer, igual que ma\u00f1ana, si no fuera por el convite&#8230; \u2014murmur\u00f3 la abuela.<br \/>\n\u2014Abuela, \u00bfqu\u00e9 es un convite? \u2014pregunt\u00f3 Lucrecia.<br \/>\n\u2014Un convite?&#8230; es como deber\u00edan ser los pueblos \u2014respondi\u00f3 Nin\u00ed, mientras ambas se dirig\u00edan a la cocina\u2014. Ven, vamos a cocinar, y te lo explicar\u00e9.<br \/>\nFIN<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Rafael C\u00e9spedes Morillo Atardecer&#8230; Las nubes parec\u00edan danzar. Era f\u00e1cil creer que hab\u00edan ensayado, pues sus movimientos eran armoniosos, lentos, casi al comp\u00e1s de una m\u00fasica que no se escuchaba. Eran grises y semejantes, pero pocas y notablemente inquietas. 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