{"id":154139,"date":"2023-12-21T08:20:45","date_gmt":"2023-12-21T12:20:45","guid":{"rendered":"https:\/\/primicias.net\/web\/?p=154139"},"modified":"2023-12-21T08:20:45","modified_gmt":"2023-12-21T12:20:45","slug":"el-costo-de-no-diferenciar-lo-que-se-necesita-de-lo-que-se-desea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primicias.net\/web\/el-costo-de-no-diferenciar-lo-que-se-necesita-de-lo-que-se-desea\/","title":{"rendered":"El costo de no diferenciar lo que se necesita de lo que se desea"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hace unas semanas una persona me pidi\u00f3 refrescar un tema del que me ha tocado escribir y hablar en varias ocasiones, debido a que es una situaci\u00f3n que se da con m\u00e1s frecuencia de lo que uno se imagina e, incluso, hasta sin uno darse cuenta, perdiendo de vista que esa pr\u00e1ctica puede resultar muy costosa. Me refiero al hecho de perder de vista la diferencia entre lo que uno en ocasiones necesita y lo que desea, cuando se trata de un mismo producto o anhelo en distintas circunstancias.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ahora lo voy a presentar en forma de algunos ejemplos. El primer caso es de Juan, un joven estudiante que acaba de conseguir su primer empleo. Su padre, que trabaja duro en el interior del pa\u00eds para costear sus estudios en la capital, le env\u00eda siempre una mesada para su sustento aqu\u00ed.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Para su primer empleo, que cosiste en ser camarero de un bar-restaurante, le informaron que debe ir siempre vestido de camisa blanca y pantal\u00f3n negro. \u00c9l tiene varias camisas blancas; sin embargo, no tiene un pantal\u00f3n negro. De inmediato surge la \u201cnecesidad\u201d de un pantal\u00f3n negro.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Juan tiene un saldo de 1,000 pesos en su tarjeta de d\u00e9bito. No cuenta con tarjeta de cr\u00e9dito y, adem\u00e1s, tiene disponibles en efectivo 1,500 pesos. Cuando fue a la tienda se encontr\u00f3 con varias ofertas de pantalones en color negro. Uno de una marca regular que cuesta 2,500 pesos y otro, menos atractivo, poro igual negro e ideal para lo que \u00e9l requiere, que cuesta 1,600 pesos. Ah\u00ed Juan entr\u00f3, sin pensarlo, en una disyuntiva, sobre si optar por lo que quiere o por lo que necesita.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Si decidi\u00f3 comprar el pantal\u00f3n que quiere o que desea, entonces tuvo que invertir todo su dinero disponible en adquirirlo y se qued\u00f3 sin un centavo para el pasaje de la semana y su alimentaci\u00f3n, mientras llega el momento de cobrar su primera quincena. En ese caso, deb\u00eda tomar al menos 900 pesos prestados y llegar\u00e1 a su primer cobro con una deuda a cuestas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En cambio, si decidi\u00f3 optar lo que necesita y dejar de lado su deseo, entonces compr\u00f3 el pantal\u00f3n de 1,600 pesos y qued\u00f3 con un saldo positivo de 900 pesos para cubrir la semana, lo cual le evit\u00f3 caer en deuda y, de todas formas, satisfizo su necesidad de una prenda de vestir con las especificaciones que le reclama su nuevo y primer empleo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Otro ejemplo es el de mi amiga Ana, una madre de familia que tiene un empleo competitivo y cuenta con tarjeta de cr\u00e9dito de buen alcance, as\u00ed como con otras comodidades. En el pasado \u201cviernes negro\u201d ella fue a la tienda a ver si encontraba alg\u00fan especial de electrodom\u00e9stico que estuviera necesitando. Pero en realidad ella no necesita nada de eso, por el momento.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al llegar a una de las tiendas se encontr\u00f3 con un especial interesante. Televisores plasma de 55 pulgadas con un descuento de 35%, al cual tambi\u00e9n se aplicaba un 20% adicional si los compraba con la tarjeta de cr\u00e9dito del banco en que ella tiene la suya. Una ganga.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pero resulta que Mar\u00eda tiene en su habitaci\u00f3n y en las de sus dos hijos, televisores plasma de 50 pulgadas, un poco m\u00e1s viejos, pero que igual se ven y funcionan perfectamente. Aun as\u00ed, ante la tentaci\u00f3n de la oferta, ella decidi\u00f3 comprar los tres televisores nuevos, con un descuento tan atractivo como ese 50% acumulado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Se puede decir que hizo bien en aprovechar la oferta, pero resulta que dio un \u201ctarjetazo\u201d por valor de 65,000 pesos para adquirir los tres aparatos. Entonces, ahora tiene esa deuda por haber comprado tres art\u00edculos que quer\u00eda o tal vez ni siquiera eso, y que a la vez no necesitaba.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al llegar los tres televisores nuevos a su casa tuvo que pagar para que le desmontaran los tres que pose\u00eda y que, dicho sea de paso, ahora no encuentra que hacer con ellos, pues le ocupan espacio y tendr\u00eda que ofrecerlos en venta o regalarlos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El anterior es un ejemplo de que las compras por impuso, aun siendo a un atractivo precio rebajado, no deben realizarse, si para pagar esa rebaja te vas a endeudar con tu tarjeta de cr\u00e9dito y, peor a\u00fan, si es para comprar un art\u00edculo que deseas, pero no necesitas.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esteban Delgado<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">@estebandelgadoq<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace unas semanas una persona me pidi\u00f3 refrescar un tema del que me ha tocado escribir y hablar en varias ocasiones, debido a que es una situaci\u00f3n que se da con m\u00e1s frecuencia de lo que uno se imagina e, incluso, hasta sin uno darse cuenta, perdiendo de vista que esa pr\u00e1ctica puede resultar muy &hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":15,"featured_media":84962,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[35,43,49],"tags":[],"class_list":["post-154139","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-economia-arte","category-economicas","category-opinion"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/primicias.net\/web\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/Esteban-delgado.jpeg","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/primicias.net\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/154139","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/primicias.net\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/primicias.net\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/primicias.net\/web\/wp-json\/wp\/v2\/users\/15"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/primicias.net\/web\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=154139"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/primicias.net\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/154139\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/primicias.net\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media\/84962"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/primicias.net\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=154139"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/primicias.net\/web\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=154139"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/primicias.net\/web\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=154139"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}