Justicia decadente o indiferencia Social

Opinion
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Desde tiempos remotos en la historia se ha considerado a la mujer como una propiedad o posesión de un hombre. No solo a nivel social o familiar sino más lejos aun, a nivel jurídico. Esto así porque cuando una pareja contrae matrimonio civil, inmediatamente la mujer pierde su apellido de soltera y adquiere el apellido del hombre, desde ahí hay una cadena de eventos que apoyan esta afirmación.

Hay la tendencia a creer que cuando un hombre convive o es el esposo de una mujer tiene derechos totales sobre ella y cuando este esta maltratando  o golpeando a su mujer o intenta incluso matarla, otros hombres que pudieran  intervenir solo dicen ”no se metan porque esa es la mujer de fulano y en pleito de marido y mujer, nadie se puede meter”,  incluso cuando la mujer va a poner una denuncia por maltrato contra el marido o el exmarido, en la mayoría de los casos, quienes están para recibir la denuncia se hacen los tontos y  engavetan la querella.  No le dan importancia a la queja, a los golpes visibles, al maltrato o el miedo a perder la vida que ellas tienen,  hasta que ya es tarde y la mujer sucumbe ante la furia del hombre y la insensibilidad de aquellos que debían haberla protegido.

Una justicia indiferente hace que se magnifiquen los femenicidios. Simplemente nadie hace caso, a nadie le importa, nadie se mete, no se buscan soluciones.  No solo en los juzgados de atención primaria o en las oficialías y cuarteles, va mas allá; es la propia sociedad  indiferente que estigmatiza  a la mujer cuando se separa de un hombre por ser maltratada o esta amenazada, es la iglesia que no levanta su voz de alerta para condenar la violencia intrafamiliar.

Estas muertes van creciendo día a día en nuestra sociedad  y esta moda maldita, esta ola que nos arrastra a la muerte, a la orfandad, al dolor hay que detenerla a como de lugar y todos tenemos un compromiso, nadie esta excluido, ni a nadie se le permitirá ser indiferente, la historia esta ahí y nos juzgará. Estar alertas desde la primera ofensa, el primer golpe, exponerlo ante sus comunitarios o las personas de respeto de esa sociedad. No quedarse callados, no ser  indiferentes, para que de ese modo todos poniendo de nuestra parte, logremos detener esta plaga que esta dejando nuestra sociedad mutilada  de madres, de hijas, hermanas y huérfanos por doquier, con las consecuencias que esto trae en la personalidad de esos niños por verse envueltos en un femenicidio  o vivir en hogares violentos por mucho tiempo.

Que esperamos para hacer algo, cuantas Emelys necesitamos para que despertemos de esta maldita pesadilla. Propugnamos por una campaña fuerte y masiva de prevención en todos los medios de comunicación, para dar un seguimiento continuo y constante a través de esas juntas comunitarias, clubes o iglesias a las parejas que puedan estar pasando por situaciones de violencia, descubrir cuales son los detonantes posibles de esas actitudes, reunirse con ellos, llevar información, persuasión  y educación a esas personas, darles el apoyo que necesitan junto con la iglesia y la comunidad, de la mano con los organismos de seguridad, fiscales, policías, políticos, incluyendo también a la Secretaria de la Mujer,( la cual ha sido muy tibia en sus ejecutorias en pos de buscar algunas posibles soluciones ante este flagelo),  para poder así  combatir este peligroso mal. Comenzar desde ya a generar las leyes que castiguen más duramente a los asesinos de mujeres y erradicarlos de nuestra sociedad. Es el tiempo de buscar soluciones  conjuntas y olvidarnos por un momento de nuestros intereses particulares o personales y pensar más en el interés común del país, para que no haya miles de  Emely en nuestro amada Patria.

Marcia Cordero

Colaboradora del Periódico Primicias.

 

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