UN FRENO A LA VIOLENCIA

Opinion
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Tres respetados obispos católicos acaban de expresar su profunda preocupación por el clima de violencia que impera en el país, sentimiento compartido por una gran mayoría de la población.  No es cuestión de percepción sino de una cruda y tangible realidad, manifestada en hechos concretos.

Ahora mismo y de manera coincidente, acaban de darse a conocer los resultados de un estudio llevado a cabo por el Patronato de Ayuda a Casos de Mujeres Maltratadas.  Son datos esclarecedores, estableciendo que más de un 61 por ciento de las mujeres sufren violencia física, de las cuales más de una cuarta parte son golpeadas estando embarazadas, mientras un 41.5 por ciento son víctimas de violencia psicológica.  Son datos consistentes con otros estudios previos revelando que la violencia intra-familiar tiene lugar entre el 50 y el 60 por ciento de los hogares dominicanos.

Aún sin necesidad de apelar al apoyo estadístico, el clima de violencia en que nos desenvolvemos está presente y a la vista de todo el que la quiera ver en el diario vivir.  Ya forma parte de nuestra cotidianidad.  Desde quienes se pasan de insulto verbal a la agresión física y terminan culminando el enfrentamiento de la manera más trágica apelando al arma de fuego o al filoso machete discutiendo por un simple espacio de parqueo o la mas sencilla colisión o roce vehicular en nuestro cada vez más congestionado tráfico urbano, hasta la irrefrenable sangría de los feminicidios y el desbocado incremento de los suicidios que es una forma de violencia ejercida contra uno mismo.  Cada vez más vamos perdiendo el sentido del valor de la vida propia y ajena, así como la capacidad de razonar, dialogar y comportarnos como seres civilizados para tratar de imponernos mediante el uso de la fuerza.  Es, por consiguiente, justificada la preocupación externada por estos tres destacados pastores católicos.

Tanto Gregorio Nicanor Peña y Héctor Rafael Rodríguez, obispos respectivamente de las diócesis de Higuey y La Vega, como el recién nombrado obispo auxiliar de Santo Domingo, Ramón Benito Angeles, al expresar públicamente su inquietud en este sentido para hacer un llamado a la sociedad, a fin de emprender una cruzada para enfrentar esta situación que se manifiesta, día a día, en escalada creciente.

Cierto que el problema de la violencia social responde a distintos factores que no pueden ser ignorados.  Marginalidad, pobreza, falta de oportunidades, desesperanza y otros elementos adversos contribuyen a crear estados anímicos negativos que muchas veces llevan al individuo, hombre o mujer,  a reaccionar de manera violenta y descompuesta frente a cualquier evento.

Pero, sin dudas, la ausencia de valores y sanas normas de convivencia constituyen el factor principal.  Es esa carencia de principios éticos y de frenos morales lo que, en por otra parte,  explica en buena medida los crímenes horrendos que cada vez con mayor frecuencia nos asombran y escandalizan por el grado de refinada crueldad con que se cometen, inclusive por personas que hasta ese momento llevan una existencia aparentemente normal. Educación en valores a partir de la familia, fragua donde se forja la conducta de los seres humanos.  No será la panacea para resolver el cada vez más grave problema de la violencia social, pero si el primer y más importante paso para hacerle frente y tratar de ponerle freno

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