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¿Qué le falta al Presidente en las visitas sorpresa?

Opinion
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El presidente Danilo Medina tiene en las visitas sorpresa uno de sus principales logros y a la vez una de las acciones de cercanía del poder gubernamental hacia los sectores más vulnerables que mayor impacto social deja en las comunidades donde se realizan.

Se puede decir que gracias a las visitas sorpresa las comunidades rurales que reciben al Presidente y sus funcionarios han podido no solo ver de cerca y conversar con el mandatario, sino también recibir facilidades económicas para desarrollar proyectos productivos en pequeña y mediana escalas.

Esos financiamientos con períodos de gracia para pagar, a tasas de interés subsidiadas y acompañados de promesas, algunas no cumplidas, de construcción de facilidades de infraestructura para facilitar la producción, han dado buenos resultados, aunque no de manera generalizada.

Gracias a las visitas sorpresa también se han reactivado proyectos productivos de bienes agrícolas que por muchos años tuvieron deprimidos, además de que se ha fortalecido la formalidad laboral, con la constitución de micro y pequeñas empresas, cooperativas rurales y creación de empleos formales.

De hecho, las estadísticas de la Tesorería de la Seguridad Social (TSS) indican que en los últimos seis años la generación de empleos formales supera el promedio de 100,000 nuevos puestos cada año.

Además, se observa que a diciembre de 2012 había registradas 51,440 empresas en la TSS, de las cuales 41,831 eran micro empresas de cero a 15 empleados.

Para septiembre de este año, la cantidad de empresas registradas es de 84,040, de las que 70,233 son microempresas de cero a 15 empleados.

El hecho de que la cantidad de nuevas microempresas que cotizan a la seguridad social haya crecido en 29,402 unidades en casi seis años (67%) indica que una proporción importante debe ser el fruto de la formalidad que impulsan las visitas sorpresa como condición para conceder las facilidades crediticias a las organizaciones rurales de productores que las reciben.

Ese proceso es alimentado por una iniciativa que si bien no es idea del presidente Danilo Medina, por lo menos es el fruto de su voluntad política, pues antes no se cumplía con esa normativa legal. Me refiero a la decisión de que se cumpla con el mandato de que el 20% de las compras de bienes y servicios de las instituciones del Estado se haga a las micro, pequeñas y medianas empresas.

Esas acciones combinadas han contribuido a que más unidades productivas en la zona rural del país hayan surgido como empresas formales suplidoras, por ejemplo, de parte del desayuno y almuerzo escolar en las escuelas y en los hospitales, así como a las alcaldías y otras entidades municipales.

Sin embargo, las visitas sorpresa adolecen de algunos aspectos que deberían ser corregidos con tiempo por el presidente Medina. Una de esas debilidades es que se trata de una acción de corte social y político caracterizada por la particularidad y exclusividad de la figura del Presidente y no por una acción institucional.

Si hay un cambio de gobierno es posible que las visitas sorpresa desaparezcan. Por eso hay que buscar una forma de institucionalizarlas para evitar que desaparezcan.

La otra debilidad es que las visitas sorpresa solo han alcanzado para incentivar la producción de bienes para suplir el mercado local. En tanto que la producción de bienes con vocación exportable se ha quedado prácticamente nula.

El resultado es que las exportaciones de productos nacionales, excluyendo la minería, soy hoy casi 10% menos que hace cinco años. El sector exportador de productos nacionales no ha despegado en esta gestión de gobierno, a pesar de que se pensaba que con las visitas sorpresa se impulsaría la producción de bienes agrícolas de atracción en mercados externos para motivar su exportación.

Eso no ha sucedido y es una tarea pendiente del presidente Medina, la cual, a pesar de los esfuerzos que ahora se ven en Palacio con las reuniones del Consejo Nacional de Competitividad, no parece que se vaya a lograr en lo que le queda de gestión gubernamental.

Sin embargo, el tiempo perdido se puede compensar si se agrega a las acciones desarrolladas hasta ahora, una dosis de “voluntad política” que convierta las intenciones en logros.